Buenos y santificados días nos regalas hoy, Señor, para que, renovados en el sueño reparador, nos levantemos con nueva energía y positivismo al emprender el camino que hoy nos señalas. Que en este nuevo día busquemos reflexionar qué es la verdadera felicidad, pensando siempre en que si no conseguimos ser felices la vida nos parece un fracaso. Hoy podemos preguntarnos cuáles son los caminos seguros para alcanzar la felicidad; si uno la quiere poseer, antes tiene que regalársela a los demás. Hoy en tu palabra nos muestras el camino del perdón y la corrección fraterna como medios eficaces para ser felices. Nos has enseñado, Señor, que esa felicidad tiene que pasar por momentos en los que tenemos que ser sinceros de corazón para poder corregir fraternalmente a nuestros hermanos. A veces esa corrección nos resulta dolorosa, pero tiene sentido un muy profundo. Se trata de tener los sentimientos, el mismo pensamiento y la sabiduría que tú tienes, Señor, para que podamos guiar a nuestros hermanos desde el corazón, para mostrar a ellos y a nosotros mismos el verdadero camino que tú nos has señalado.
Contamos con la mayor riqueza para ser verdaderamente felices: te tenemos a Ti. La verdadera felicidad es tener el corazón alegre. Permítenos, Señor, que seamos corregidos y podamos corregir con claridad y espíritu fraterno, teniendo en cuenta tus palabras: «donde dos o tres, se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».; que nuestra corrección sea para curar y no para herir. Por eso te pedimos que no te apartes de nosotros; que permanezcas en medio como el que ama, como el que sirve y como el que enseña el verdadero camino de la felicidad.
Fraternal y reconciliador miércoles lleno del amor de Dios, de su misericordia y de su perdón. Recordemos hay que corregir con paciencia, en el momento oportuno, sin ira, con testimonio de vida, con sabiduría, con humildad, con amor. Los abrazo y los bendigo.
