Al iniciar una semana más, un nuevo inicio de día, nos colocamos en tus manos y te damos gracias por la vida, el amor y los sentimientos que nos invitas a compartir con todas las personas con las que iniciaremos el día. Danos paz para tener tranquilidad en todas las situaciones, danos amor para compartir con todos por igual. Regálanos los dones de sabiduría y consejo para llevar la palabra oportuna y el consuelo en el momento preciso. Escucha nuestra oración y danos la gracia de tu amor.
San Benito enseñó sabiamente a sus monjes que deberían combinar equilibradamente estos dos elementos: trabajo y oración. No permitas que olvidemos o menospreciemos ninguno de los dos. Que nuestra oración inspire lo que hacemos para cumplir con conciencia nuestra tarea en la vida y para usar nuestros talentos, regalos de Dios, para tu servicio y el de nuestros hermanos; que podamos comprender verdaderamente nuestro compromiso de cargar la cruz y ser fieles a tu seguimiento; sobre todo, Señor, que comprendamos que Tú eres lo primero en nuestras vidas; que al iniciar esta semana y este día sepamos comprender que Tú, Señor, estás con nosotros y por eso todas nuestras realizaciones y obras serán bendecidas y multiplicadas. Te alabamos, te bendecimos y te damos gracias, Señor. Que nuestra Madre sea el apoyo y su ternura y su bondad nos acompañen. Amén.
Recordemos que «Nuestro auxilio es el nombre del Señor...» (Salmo 124, 8). ¡Ánimo!
