Por este bello despertar y contemplando un nuevo amanecer, lo único que podemos decir es: gracias, Señor, porque además de vivir un nuevo día, nos resulta especial porque vivimos el amor con que colmaste el Corazón de María, la Madre de tu Hijo y también Madre nuestra.
Por tu gran bondad nos la has dado a nosotros para que abramos nuestros corazones a tu palabra y a tu amor, de forma que podamos buscar siempre tu voluntad en todo lo que proyectamos y hacemos. Que ella también toque nuestros corazones y los haga sensibles a las necesidades de nuestros hermanos, en sus tristezas y preocupaciones, en su soledad y desesperanza. Tú le has dado un corazón sabio y obediente,
para poder cumplir a la perfección tu voluntad; le diste un corazón nuevo y amable, en el que te complacías y en el que inscribiste la ley del amor. Le diste un puro e indiviso corazón, para que fuera digna de ser la Virgen Madre de tu Hijo y de regocijarse viéndote para siempre. Le diste un corazón firme y vigilante para que pudiera aguantar sin miedo la espada de dolor y esperar en fe la resurrección de su Hijo.
A ti Madre te damos gracias por tu obediencia al Padre y por haber aceptado generosamente ser nuestra madre. Perdónanos las ocasiones en que somos desobedientes y egoístas y ayúdanos con tu ternura y tu bondad a hacer la voluntad de Nuestro Hermano Mayor, “hacer lo que Él nos diga” y a recibir el calor y el cariño de tu Inmaculado Corazón. Gracias Madre por tenernos en tus brazos y dejar que nos recostemos en tu Santo Regazo. MADRE DE LA TERNURA Y DEL AMOR, INTERCEDE POR NOSOTROS. INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA SÉ LA SALVACIÓN DEL ALMA MÍA. Amén.
