En nombre de Dios Padre, del Hijo y Espíritu Santo, salimos de nuestros hogares y te pedimos que regresemos con bien. Que Tú seas nuestra compañía y apoyo en durante la jornada. De la mañana que nace, hasta la tarde que caerá, te bendeciremos y te daremos gracias. Concluyes parte de tu Sermón de la Montaña con las palabras “Sean perfectos, como el Padre del cielo es perfecto”. ¡Meta no fácil de conseguir! Pero debemos salir de nosotros mismos para amar a todos y cada uno de nuestros hermanos, incluidos también nuestros enemigos. Hemos de imitar al Padre en su amor, que manda al sol alumbrar a buenos y a malos. Señor, nos has mostrado tu ternura y nos has aceptado pecadores como somos, y ante todo porque somos hermanos.
Comparte tu corazón con nosotros, haznos misericordiosos y comprensivos; que aprendamos a acoger a todos sin condiciones ni reservas y a olvidar y perdonar todas las ofensas, de forma que lleguemos a asemejarnos cada vez más a ti.
Nuestros corazones sean llenos de tus mismos sentimientos y podamos sentir al caer de la tarde, que hemos podido realizar la voluntad del Padre, porque hemos amado y perdonado de corazón y hemos amado sincera y generosamente. Concédenos este día un espíritu de alegría y felicidad. Al iniciar nuestras labores pedimos tu bendición. Un muy feliz y esperanzador martes de ilusiones y felicidad. Amén.
