Bello amanecer, lleno de sol y sentimientos de gratitud por lo recibido durante la semana, por las actividades realizadas, por las alegrías y los mínimos momentos de dificultad. Gracias por tu presencia en medio de nosotros que nos asegura un nuevo día para vivirlo llenos de alegría y optimismo.
Hoy celebramos la solemnidad de tu Ascensión a los cielos, tu regreso a la gloria del Padre. Al partir, nos aseguras que te quedas con nosotros. Éstas son tus últimas palabras, pero tu partida a los cielos no es realmente una despedida. Te quedas ahora con nosotros de otra manera: por medio de tu Espíritu; en los signos de pan y vino en la eucaristía; dondequiera que la gente se reúna en tu nombre; también en los pobres y débiles. Nuestra oración hoy es:
