Pasar al contenido principal

18-jul.-2021 domingo de la 16.ª semana del Tiempo Ordinario

En las lecturas oímos la Buena Noticia de que Dios se preocupa por nosotros y nos cuida con un amor más profundo que el de una madre por el hijo(...)

Placentero día de descanso y día dedicado a ti. Gracias porque al abrir nuestros ojos experimentamos la alegría de saber que nos regalas un día más de vida, un día para vivirlo en familia y disfrutarlo en la alegría; gracias por tu palabra que nos ayuda a encontrar el sendero que hemos de recorrer.

¡Qué lástima que nos volvamos tan duros, sin corazón, que suprimimos la compasión y la misericordia! En las lecturas oímos la Buena Noticia de que Dios se preocupa por nosotros y nos cuida con un amor más profundo, e incluso más tierno, que el de una madre por el hijo a quien dio vida. Dios se hace particularmente cercano de quienes más lo necesitan: los débiles, los que sufren, los que no cuentan para nada. Este es el amor que Dios Padre nos mostró en Ti; éste es el amor al que Tú mismo nos invitas, para acercarnos a los hermanos, para hacernos sus prójimos: un amor profundo, tierno, constante, duradero, sin miedo a mostrarlo a los demás. Comparte con nosotros, tu amor entregado y compasivo.  Tú nos has revelado que tu amor hacia nosotros es más tierno, cálido y compasivo que el de cualquier madre para con sus hijos. Hazte cercano a los que andan heridos por la vida, preocúpate por todos los débiles y pequeños y oprimidos. Danos la gracia de que todos los que te seguimos, sepamos sanar, comunicar vida y perdonar, que sepamos hacernos a nosotros mismos pan nutritivo para todos los hambrientos con hambre material o espiritual. Que sepamos cuidar los unos de los otros como tú nos cuidas a todos. Danos la gracia de tu infinito amor y concédenos cumplir tu voluntad. Danos la gracia de ser ovejas de tu rebaño y aunque caminemos por cañadas oscuras nada temamos porque tú vas con nosotros; tu vara y tu cayado nos protegen. Amén.

Un muy familiar y bendecido domingo. Los abrazos y los bendigo.

¡Qué lástima que nos volvamos tan duros, sin corazón, que suprimimos la compasión y la misericordia!
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.