Día 33 en nuestro camino cuaresmal. Van pasando los días y las semanas en que nuestra travesía nos va a llevando al final del camino; el sendero recorrido ha sido un camino de esperanza de conversión y de reconciliación y ─poco a poco─ nos vas mostrando el sendero que tú mismo recorriste y nos invitas a recorrerlo en amor y en obediencia. Padre Celestial, plantaste a tu propio Hijo, como un grano de trigo en los surcos de nuestra tierra, y de su muerte brotó y creció la abundante cosecha de una nueva humanidad. Danos valor para seguirle, para que nuestro amor también traiga vida y alegría a nuestros hermanos.
Señor, nos has enseñado que amar y morir traen sufrimiento. Pero el miedo a sufrir no es freno para el amor en Ti. Tu testimonio de entrega es un testimonio para cada uno de nosotros de que amar exige mucha fortaleza: la de anteponer a los otros a uno mismo, la de escucharte a Ti, la de obedecerte. Todo tiene su sentido en escucharte y seguirte en la fe, la esperanza y en la confianza, sabiendo que, aunque tus caminos a veces nos resuenen incomprensibles, son los que nos traen la salvación verdadera y la plenitud de nuestra vida. En estos griegos que le piden a Felipe «verte», se muestra que para verte a Ti, hay que mirar la cruz y contemplar tu entrega; para verte hay que mirar el sentido de amor, de perdón y de misterio que esconde la cruz. La cruz es tu misterio de amor, el misterio de que en la cruz nos atraes a todos en tu amor. Gracias, Señor, por permitirnos contemplar tu misterio de amor y generosidad y demostrarnos que el verdadero fruto llega cuando se muere en entrega y generosidad. A Ti, te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén.
Un bello Domingo de amor y entrega generosa.

