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21-may.-2021 viernes de la séptima semana de Pascua

En el nacimiento de un nuevo día, vivimos en corazón agradecido por todo lo recibido de Ti.

En el nacimiento de un nuevo día, vivimos en corazón agradecido por todo lo recibido de Ti.

Qué bella lección de amor nos regalas, Señor, en la figura de Pedro. El centro de todo es tu amor, un amor que nace de tu amor hacia nosotros. Tu pregunta insistente por el amor de Pedro suena como un bálsamo en la herida de su infidelidad. Tú no le reprochas por haberte negado, sino que le das la oportunidad de expresar su amor. Y en cada respuesta dada por Pedro “sí, Señor, tú sabes que te quiero”, es como si fuese sanando, poco a poco, cada una de las tres heridas de negación; su respuesta le rehabilita.

La respuesta de Pedro suscita una respuesta proporcional a la misericordia generosamente recibida. Ojalá cada momento nuestra respuesta fuera la de Pedro: “Sí Señor, tú sabes que te amo”. Nuestra respuesta no la damos con palabras sino con obras de amor, generosidad y bondad. Danos la fuerza de tu Espíritu para que nos guíe y sepamos guiar a nuestros hermanos hacia fuentes tranquilas y abundantes pastos de esperanza, con palabras de bondad, ternura y sinceridad. A ti te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Guárdanos, guíanos y protégenos. Amén. Bendecido y amoroso viernes para todos.

ORACIÓN PARA PEDIR LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

¡Oh, Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.

Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.

Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.

Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.

Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.

Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.

Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.

Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor. Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.