En el nacimiento de un nuevo día, vivimos en corazón agradecido por todo lo recibido de Ti.
Qué bella lección de amor nos regalas, Señor, en la figura de Pedro. El centro de todo es tu amor, un amor que nace de tu amor hacia nosotros. Tu pregunta insistente por el amor de Pedro suena como un bálsamo en la herida de su infidelidad. Tú no le reprochas por haberte negado, sino que le das la oportunidad de expresar su amor. Y en cada respuesta dada por Pedro “sí, Señor, tú sabes que te quiero”, es como si fuese sanando, poco a poco, cada una de las tres heridas de negación; su respuesta le rehabilita.
La respuesta de Pedro suscita una respuesta proporcional a la misericordia generosamente recibida. Ojalá cada momento nuestra respuesta fuera la de Pedro: “Sí Señor, tú sabes que te amo”. Nuestra respuesta no la damos con palabras sino con obras de amor, generosidad y bondad. Danos la fuerza de tu Espíritu para que nos guíe y sepamos guiar a nuestros hermanos hacia fuentes tranquilas y abundantes pastos de esperanza, con palabras de bondad, ternura y sinceridad. A ti te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Guárdanos, guíanos y protégenos. Amén. Bendecido y amoroso viernes para todos.
