“¿Señor, a quien vamos a ir? tú tienes palabras de vida eterna”. Con estas palabras que nos regala hoy el evangelio de Juan iniciamos nosotros este día, dándole gracias a Dios por un nuevo día de descanso; día dedicado al amor verdadero, al amor tuyo; gracias, Señor, por enseñarnos lo que es el verdadero camino de la fidelidad. Muchos de los que caminaban contigo, se desanimaron por tus palabras. Quizá ese desánimo es porque ellos no abrieron el corazón como Tú nos dijiste en una ocasión: “has revelado eso a los sencillos y humildes de corazón y lo has ocultado a los soberbios”; permite, Señor, que nuestras actitudes sean de verdadera fidelidad a tu palabra, que muchas veces comprendemos que no alcanzamos a asimilarlas porque no queremos ver lo bueno que eres tú y sabemos que tus palabras como lo dice el salmo de hoy: “aunque el justo sufre muchos males de todos los libras el señor”. Ayúdanos a comprender lo que es vivir en mutua dependencia por respeto a Ti. Tú eres nuestro Dios, nuestro señor, nuestro hermano, nuestro guía y la luz que nos conduce verdaderamente al Padre.
Gracias, porque tus palabras son espíritu y vida. “Tú tienes palabras de vida eterna”. Tú, que viste cómo algunos se fueron marchando asustados por tus palabras, nos haces la pregunta como la hiciste a tus discípulos: “¿también ustedes quieren marcharse?”, pero la fe de Pedro y su amor son enormes hacia ti y por eso él contesta enseguida: “¿a quién acudiremos? solo Tú tienes palabras de vida eterna, nosotros creemos que tú eres el santo consagrado por Dios”. Al igual que Pedro hacemos una opción por ti; también nosotros hemos de tomar el camino que tú no estás señalando y que sabemos es un camino difícil, pero seguro en el que siempre te encontraremos. Gracias Señor, porque nos esperas con paciencia incluso cuando nos dejamos llevar por la incredulidad o te hemos vuelto la espalda. Amén.
Feliz y descansado domingo.
