Esta mañana, en la que se inicia nuestro descanso de fin de semana, es momento propicio para darte gracias por todo lo realizado en nuestras labores cotidianas. Ante la pregunta de Pedro respecto a la suerte del discípulo amado: «Señor, y éste ¿qué?», tú das una respuesta sin equívocos: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme». Cada uno de nosotros es llamado a seguirte con un proyecto de vida propio. Lo importante es nuestro seguimiento personal y no el destino que les toca a los demás. Tú tienes la libertad de enviarnos y dar a cada uno una misión específica.
22-may.-2021 sábado de la séptima semana de Pascua
«Señor, y éste ¿qué?»
No somos nosotros los que tenemos que decirte lo que debes hacer. Lo más importante es testimoniar, como el discípulo amado, nuestra experiencia profunda de encuentro contigo; es sentirnos como él: verdaderos «discípulos amados». La presencia del Espíritu Santo, don prometido por Ti, es la certeza de ese amor. Ayúdanos a cumplir nuestra misión de amar y de servir y haz que la prolonguemos en nuestros hermanos con verdaderos sentimientos de unidad. Hoy, en la espera gozosa de un nuevo Pentecostés en nuestras vidas, danos los dones y los frutos de tu Espíritu Santo para que sigamos siendo testigos de tu amor. Amén.
Un muy feliz y descansado fin de semana iluminados por el Espíritu Santo. Envíanos tu promesa de amor que nos siga reafirmando como tus amados discípulos.
