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24-may.-2021 lunes de la octava semana del Tiempo Ordinario

Bienaventurada Virgen María, madre de la Iglesia

Por un nuevo día y una nueva semana que iniciaremos, te damos gracias y bajo la protección y amparo de Nuestra Madre Santísima, colocamos nuestras obras en tus manos. Que seamos humildes y sencillos, pero ricos en tu gracia y en tu amor. Ayúdanos a ser discípulos tuyos que perdonamos y encontramos perdón; que nuestra sed se sacia cuando damos de beber a nuestro prójimo, que encontramos consuelo cuando proferimos palabras que alivian a otros en su dolor, y que sólo cuando partimos y compartimos el pan, encontramos tu alegría. Haznos libres para poderte seguir. Comunícanos el don del desprendimiento de las cosas y enséñanos a valorar las riquezas de los bienes que nos esperan en la vida eterna, Amén.

El papa Francisco ha querido que el lunes siguiente a Pentecostés se celebre esta memoria obligatoria en toda la Iglesia, dedicada a Nuestra Madre, como Madre de la Iglesia. Gracias, madre, por tu obediencia que nos ayuda a comprender nuestra entrega y disponibilidad en el amor. Tu «sí», fue una afirmación de cumplimiento a la voluntad del Padre; ayúdanos Madre, para responder con tu generosidad como lo hiciste Tú. Una muy feliz y santa semana y un lunes esperanzador.

Oración de consagración

¡Oh Santísima e Inmaculada Virgen María, tiernísima Madre nuestra y poderoso Auxilio de los Cristianos! Nosotros nos consagramos enteramente a tu dulce amor y a tu santo servicio. Te consagramos la mente con sus pensamientos, el corazón con sus afectos, el cuerpo con sus sentidos y con todas sus fuerzas, y prometemos obrar siempre para la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

Tú, pues, ¡oh Virgen incomparable! que eres siempre intercesora y protectora, te suplicamos ¡oh dulcísima Madre! que no apartes nunca tu piadosa mirada de la gente expuesta a tantos peligros, de los pobres pecadores y moribundos y de las almas del Purgatorio: sé para todos ¡oh María! dulce Esperanza, Madre de Misericordia y Puerta del Cielo.

Te suplicamos, Madre, que nos enseñes a imitar tus virtudes, particularmente la angelical modestia, la humildad profunda y la ardiente caridad, a fin de que, por cuanto es posible, con tu presencia, con nuestras palabras y con nuestro ejemplo, representemos, en medio del mundo, a tu Hijo, Jesús, logremos que te conozcan y amen y podamos, llegar a salvar muchas almas. Amén

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.