Por un nuevo día y una nueva semana que iniciaremos, te damos gracias y bajo la protección y amparo de Nuestra Madre Santísima, colocamos nuestras obras en tus manos. Que seamos humildes y sencillos, pero ricos en tu gracia y en tu amor. Ayúdanos a ser discípulos tuyos que perdonamos y encontramos perdón; que nuestra sed se sacia cuando damos de beber a nuestro prójimo, que encontramos consuelo cuando proferimos palabras que alivian a otros en su dolor, y que sólo cuando partimos y compartimos el pan, encontramos tu alegría. Haznos libres para poderte seguir. Comunícanos el don del desprendimiento de las cosas y enséñanos a valorar las riquezas de los bienes que nos esperan en la vida eterna, Amén.
El papa Francisco ha querido que el lunes siguiente a Pentecostés se celebre esta memoria obligatoria en toda la Iglesia, dedicada a Nuestra Madre, como Madre de la Iglesia. Gracias, madre, por tu obediencia que nos ayuda a comprender nuestra entrega y disponibilidad en el amor. Tu «sí», fue una afirmación de cumplimiento a la voluntad del Padre; ayúdanos Madre, para responder con tu generosidad como lo hiciste Tú. Una muy feliz y santa semana y un lunes esperanzador.
