En nuestro camino de la vida iniciamos una nueva jornada, dedicada a celebrar honrar a Nuestra Madre Santísima en su advocación de Nuestra Señora de la Merced —merced significa “Misericordia”—, que se remonta al siglo XIII cuando la virgen se le aparece a San Pedro Nolasco y lo anima a seguir liberando a los cristianos esclavos. En esa época, los moros saqueaban las costas y se llevaban a los judíos a j y al cristianismo cristianos como esclavos a África. En esa horrenda condición muchos perdían la fe al pensar que Dios los había abandonado. Desde 1259, los padres Mercedarios empiezan a difundir la devoción a Nuestra Señora de la Merced en España y el resto del mundo. Madre de la misericordia, de la bondad y de la ternura intercede por nosotros. Madre Santa, ayúdanos para que en tu intercesión el señor nos regale el don de la sabiduría para reflexionar en su palabra. El libro de Eclesiastés nos habla de la vanidad y los afanes que no nos dejan ser felices. Hoy tenemos que releer y meditar pausadamente estas palabras:” qué saca el hombre de todos los afanes con que se afana bajo el sol.? Qué bueno sentir en nuestro corazón y en nuestra mente, que lo misericordioso de la vida viene del Padre que nos ama y que nos invita a que todo lo que recibimos de su parte lo compartamos con nuestros hermanos cumpliendo su Santa Voluntad. Ahora Señor, escuchamos tus palabras y el mandato de lo que esperas de cada uno de nosotros. En este día nos invitas a cuestionarnos si te damos en nuestras vidas el lugar que tu mereces, para dar sentido a todo lo que somos y hacemos.
Suscita en nosotros vivos deseos de verte y reconocerte en los acontecimientos de nuestro diario vivir y en la gente que nos rodea, para que la vida no sea vacía y vana, sino siempre llena, nueva, hermosa y esperanzadora. Ayúdanos con la fuerza de tu espíritu a resolver los interrogantes que a veces nos plantean tus palabras: ¿Es todo realmente en vano? ¿Que la vida no tiene sentido? ¿Vale la pena luchar? ¿Tenemos suficiente paciencia? En momentos de dudas, en las dificultades, las desilusiones, nos hacemos quizás esas preguntas. Pero entonces recordamos que somos gente de fe, y que nuestra fe y nuestra vida tienen el profundo sentido que tú nos das. Nos invitas a confiar en ti, y nos recuerdas tus palabras: «no se inquiete vuestro corazón creed en Dios y también en mí». Hoy nuestra intención sea practicar la caridad, sobre todo con nuestros prójimos más necesitados de bienes materiales y espirituales. En ti confiamos, en ti esperamos y a ti te glorificamos. Bendícenos, guárdanos y protégenos. Amén.
Un muy esperanzador y confiado jueves. Recordemos las palabras del Eclesiastés: «¡Todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan bajo el sol?» Reflexionemos. Abrazos
PALABRA DEL PAPA
Jesús se le conoce sólo en el camino cotidiano de la vida. (…) Y se le puede conocer «también en el catecismo. ¡Es verdad! El catecismo nos enseña muchas cosas sobre Jesús y debemos estudiarlo, debemos aprenderlo. Así aprendemos que el Hijo de Dios vino para salvarnos y comprendemos por la belleza de la historia de la salvación el amor del Padre». En cualquier caso, incluso el conocimiento de Jesús a través del catecismo «no es suficiente»: conocerle con la mente ya es un paso adelante, pero «a Jesús es necesario conocerle en el diálogo con Él. Hablando con Él, en la oración, de rodillas. Si tú no rezas, si tu no hablas con Jesús, no le conoces». Hay finalmente un tercer camino para conocer a Jesús: «Es el seguimiento, andar con Él, caminar con Él, (…) No se puede conocer a Jesús sin tener una relación cercana con Él, sin arriesgar la vida por Él. Cuando muchos —incluidos nosotros— nos preguntamos: «¿Pero ¿quién es este?», la Palabra de Dios nos responde: «¿Quieren saber quién es este hombre? Lean lo que la Iglesia les dice sobre Él, háblenle en oración y caminen junto a Él por su sendero. Así, conocerán quién es este hombre». ¡Este es el camino! (Francisco - Homilía en Santa Marta, 26 de septiembre de 2013)
