En este miércoles mitad de semana, te damos gracias por este nuevo día, este nuevo amanecer y una nueva experiencia para vivir y compartir. Gracias, Señor, por el verdadero amor, el servicio y la disponibilidad con el que iniciaremos nuestra jornada en los brazos de Nuestra Madre y por supuesto contando con tu compañía, con tu bendición. Concédenos meditar en este día sobre tu bondad y tu misericordia, porque tú conoces lo que hay en nosotros, conoces nuestro interior; perdónanos porque con frecuencia estamos tan ocupados que no tenemos tiempo para hacer un alto en el camino, mirar atrás y ayudar a quienes se sientan demasiado cansados y agobiados para seguir adelante; perdónanos porque muchas veces condenamos a los demás sin haber intentado comprenderlos.
Que la misericordia, el servicio y la entrega no sean asunto exclusivo de otros, porque tus palabras nos llaman a buscarte y acogerte en nuestros hermanos. Que esta sea nuestra preocupación y nuestra vida. Que nuestros esfuerzos y fatigas sean la mayor alegría en nuestra entrega y disponibilidad y ante todo para que seamos transparentes, coherentes y sinceros desde lo profundo de nuestro corazón; que nuestra mirada y nuestros sentimientos sean sinceros y generosos como tú quieres y que nuestro corazón sea lugar de amor de bondad y de sinceridad. Ayúdanos a resolver los interrogantes que a veces surgen en nuestro corazón: ¿es auténtica o falsa nuestra piedad? ¿será que somos muy exagerados si nos tachamos como sepulcros blanqueados? Señor, establece tu ley de amor y de amistad en lo profundo de nuestros corazones para que sepamos responderte como tú mereces, porque amarte a ti y a los demás es cumplir tu ley entera. Ayúdanos a renunciar a la hipocresía autosuficiente para que demos frutos abundantes de conversión. Amén.
Nuestro miércoles sea santificado en tu amor.
