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25-mar.-2026, lunes de la 5.ª semana de Cuaresma

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Jesús supera la ley y va más allá. No le dice: ‘¡El adulterio no es pecado!’ Pero no la condena con la ley. Y este es el misterio de la misericordia de Jesús.

Al inicio de esta nueva semana de Cuaresma que nos regalas, Señor, nos queremos poner en tus manos y pedir la gracia de tu auxilio para que cada uno de nosotros avancemos para vivir con intensidad los misterios de tu pasión, muerte y resurrección. Ayúdanos para que este tiempo sea la oportunidad para cambiar actitudes y conductas en nuestra cotidianidad y que nuestras actitudes no sean de juzgar y condenar injustamente. Que nuestros sentimientos sean de obrar de acuerdo con la voluntad del padre celestial que nos invita a amar y a no juzgar para no ser juzgados. Amén.

Que sea una semana vivida en plenitud de servicio entrega y disponibilidad. Feliz lunes de descanso que nos preparará para una corta semana. 

Palabra del Papa

«¡Quien de vosotros esté sin pecado, tire la primera piedra contra ella!». El Evangelio, con una cierta ironía, dice que los acusadores se fueron, uno a uno, comenzando por los más ancianos. Y Jesús se queda solo con la mujer, como un confesor, diciéndole: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? ¿Dónde están? Estamos solos, tú y yo. Tú ante Dios, sin las acusaciones, sin las habladurías. ¡Tú y Dios! ¿Nadie te ha condenado?». La mujer responde: «¡Nadie, Señor!», pero ella no dice: «¡Ha sido una falsa acusación! ¡Yo no he cometido adulterio!» Reconoce su pecado y Jesús afirma: «¡Yo tampoco te condeno! Ve, ve y de ahora en adelante no peques más, para no pasar por un momento tan feo como este; para no pasar tanta vergüenza; para no ofender a Dios, para no ensuciar la hermosa relación entre Dios y su pueblo». ¡Jesús perdona! Pero aquí se trata de algo más que del perdón: Jesús supera la ley y va más allá. No le dice: ‘¡El adulterio no es pecado!’ Pero no la condena con la ley. Y este es el misterio de la misericordia de Jesús. (cf. Homilía de S.S. Francisco, 7 de abril de 2014, en Santa Marta).

ORACIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-23-de-marzo-de-2026 

Señor, al iniciar mi oración sobre el evangelio de la mujer adúltera, te pido, ya desde el principio, que me des un corazón grande como el tuyo para saber comprender y perdonar. Y también una mente sana y sin prejuicios para saber juzgar. Tú veías la miseria de esa mujer. su fragilidad, y te llevaba a la compasión. Pero también veías la ruindad de aquellos hombres que estaban dispuestos a castigar en la mujer los mismos pecados que ellos habían cometido como hombres. Y te llenabas de santa indignación. Una y otra vez te diré: soy pecador. Amén.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-23-de-marzo-de-2026 

Una escena en tres cuadros:

1.-Los fariseos, la mujer y Jesús.

Los fariseos felices de haber sorprendido a una mujer en pecado. Lo único que ven de esa mujer es que ha sido sorprendida en pecado. Se crecen humillando a la mujer. Se gozan recogiendo entre sus manos la basura para echársela en la cara. Jesús está viendo la mujer: Con su miseria y también con su grandeza, A Jesús no le interesa su pasado sino su futuro.  No lo que ha sido sino lo que aún puede llegar a ser. Si la presencia de los fariseos la hunden, la presencia de Jesús la anima, la levanta, y la convierte en mujer rehabilitada que puede salir a la vida con la cabeza bien alta. ¡No peques más! Una vez que has descubierto tu dignidad y tu libertad, disfruta de la vida. Y no la malogres.  

2.- La Ley, la mujer y Jesús. Con la ley en la mano quieren apedrear a esa mujer. “Con la ley en la mano se pueden cometer muchos atropellos… con la ley del aborto en la mano, ya las madres tienen el derecho de matar impunemente a sus hijos”. Tirando piedras no se soluciona nada. Jesús cambia las piedras por amor, por comprensión.

3.- Y se quedaron la mujer y Jesús solos.

¡Qué   alivio!… Comenzó a respirar y a sentirse mujer. Se acabaron las piedras y los gritos y las hipocresías…Qué alivio para esa mujer y qué alivio también para nosotros. No vamos a ser juzgados por hombres. ¡Menos mal! Vamos a ser juzgados por el bondadoso y dulce Jesús. ¡Gloria a Él! Y se quedaron solos, como dirá san Agustín, “la gran miseria y la gran misericordia”.

Y se quedaron solos, como dirá san Agustín, “la gran miseria y la gran misericordia”
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.