En nuestro caminar, vamos culminando una semana más de este mes de agosto próximo a terminarse; comenzamos la experiencia de este día que tú bondadosamente nos has regalado. Permite que lo iniciemos en medio de esperanza, de felicidad, de alegría, de servicio y de generosidad para que, cosechando todo lo que tú nos quieres regalar, podamos encontrarle el verdadero sentido a nuestra vida; que lo hagamos con generosidad de corazón y ─como nos dices hoy─ que tengamos preparadas nuestras lámparas para que, si llega la oscuridad del pesimismo del egoísmo y del desengaño, estén provistas con suficiente aceite y fortaleza para poder superar cualquier dificultad.
«Velen, porque no saben ni el día ni la hora». Pensemos en estas preguntas: ¿estamos siempre preparados y en vela? ¿llevamos aceite suficiente para nuestras lámparas? La pregunta es para nosotros, que vamos adelante en nuestro caminar ─se supone que atentos a tu presencia─ preparándonos al encuentro contigo. Que no falte el aceite en nuestras lámparas. Todos somos invitados a la boda, pero tenemos que llevar el aceite suficiente: aceite de fe, esperanza y de caridad. Al recordar hoy a santa Mónica madre de san Agustín, hacemos memoria de sus tiernas lágrimas que subieron hasta Dios como una silenciosa plegaria. La conversión de Agustín la llenó de gozo y esto era lo único que le faltaba a ella para completar una verdadera misión. Te pedimos, Señor, que fortalezcas a todas las mamás que sufren los desencantos y el dolor que padecen a causa de sus hijos, y que tú mismo seques sus lágrimas de amor. Amén. Un muy feliz y descansado viernes.
