Último viernes de nuestro segundo mes del año, en el cual tenemos que darte gracias por todo lo vivido y lo. Gracias, señor, porque hemos caminado a tu lado según tu voluntad para amar y servir a nuestros hermanos. Recibimos esta mañana esplendorosa para llenar nuestro corazón de optimismo y de esperanza. Danos tu Santo Espíritu, especialmente con los dones de la sabiduría, la inteligencia y el discernimiento, para meditar en la importancia de practicar una justicia mayor que supera la justicia de los escribas, para observar nuestra vida y el cuidado que ponemos en ella, nuestras acciones; para que nos cuidemos en situaciones que nos pueden dar sentimientos de rabia, odio, hacer juicios, tener deseos de venganza y encolerizarnos con alguien. Nos esperas limpios y responsables de nuestros actos para acercarnos a ti, pero debemos tener un corazón reconciliado con nosotros y con quienes nos necesiten.
Perdonemos de corazón y con sentimientos de reconciliación. Un muy feliz y santo viernes lleno de perdón y con una ofrenda agradable a los ojos de Dios.
Meditación del papa Francisco
A los que están heridos por divisiones históricas les resulta difícil aceptar que los exhortemos al perdón y la reconciliación, ya que interpretan que ignoramos su dolor o que pretendemos hacerles perder la memoria y los ideales. Pero si ven el testimonio de comunidades auténticamente fraternas y reconciliadas, eso es siempre una luz que atrae. Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?
Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo! A cada uno de nosotros se dirige la exhortación paulina: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien». Y también: «¡No nos cansemos de hacer el bien!». Todos tenemos simpatías y antipatías, y quizás ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: «Señor yo estoy enojado con éste, con aquélla. Yo te pido por él y por ella». Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno! (S.S. Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 100-101).
ORACIÓN
Jesús, Tú me conoces muy bien y sabes cuánto quiero agradarte, también conoces cuán débil soy y que tengo muchas caídas a pesar de mis luchas. Ayúdame, por eso, Señor, a esforzarme por agradarte más, sirviendo a los hombres, quienes son tus hijos y mis hermanos. Quiero practicar cada día más la caridad, virtud principal de tu corazón. Ayúdame a ser faro del amor. Pues sólo así seré reconocido como discípulo tuyo.
«Nada nos asemeja más a Dios que el estar siempre dispuestos a perdonar» (san Juan Crisóstomo, Hom. sobre S. Mateo, 61)
Reflexión
Cristo nos plantea un punto de partida: «Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no podrán entrar en el reino de los cielos». Nos pone este punto porque sabía que ellos no estaban del todo mal, pues intentaban seguir a la perfección los preceptos de la ley, sólo que olvidaban lo que Dios había dicho: «Misericordia quiero y no sacrificios». Esto no lo entendían ellos.
Incluso hoy en día, muchas veces nos cuesta entender que el primer medio de alabanza a Dios pasa por medio del perdón, de la reconciliación y del amor. Nosotros, como cristianos, estamos llamados a ser transmisores del amor que Dios ha tenido a la humanidad.
«Cuando vayas de camino con tu adversario arréglate pronto, no sea que te entregue» Con el paso del tiempo nos acercamos cada vez más al final de nuestra vida y, querámoslo o no, tendremos que presentar cuentas a nuestro Juez. ¿Por qué no nos esforzamos desde ahora por arreglarnos con la persona que nos ha hecho o a la que le hemos hecho mal, que no nos cae muy bien y a la que solemos criticar?
El mensaje de este evangelio es un mensaje de paz y de amor. ¡Cuánta paz alcanza un hombre que no está enemistado con otro! Paz que no es ausencia de guerra, sino que es presencia de Dios, presencia de Amor.

