Sábado de descanso y fin de semana en el que nos levantamos con la certeza de sabernos protegidos y amados por Ti. En este día nos das la alegría de celebrar a san Agustín, aquel santo nacido en Tagaste, cuya conversión ocurrió convirtió en Milán, y que recibió el episcopado en Hipona; su pensamiento y su testimonio de vida consagrada, en la cual la búsqueda de Dios fue constante, y su servicio la Iglesia, nos permiten buscarte, Señor, para que nuestro corazón no descanse y siga inquieto, hasta que esté en Ti. Hoy tu palabra nos invita a meditar en los talentos que hemos recibido y que generosamente nos has dado: a unos has regalado cinco talentos, a otros quizá dos y a otros uno, y lo único que nos pides es que los hagamos producir; que no seamos como aquel empleado temeroso, miedoso –y tal vez perezoso– que no supo comprender tu generosidad, quizá por el miedo, el egoísmo o la misma pereza y prefirió quedarse aparte, esconderlo.
Ayúdanos a que estos talentos que llevamos en nuestras vidas, tú mismo nos ayudes a producir el doble: Amar el doble, servir el doble y ser generosos doblemente. Que nuestros esfuerzos y trabajos sean como nos dice hoy san Pablo en su carta: “Esfuércense por mantener la calma ocupándose de sus propios asuntos y trabajando con sus propias manos como lo tenemos mandado”.
“Te buscaba fuera, Señor, y tú estabas dentro de mí” y “Mi corazón vive inquieto, hasta que no descanse en ti” son dos frases de san Agustín que servirán para nuestra meditación este fin de semana. Concédenos vivir en fidelidad a nuestro compromiso de amor y, como San Agustín, seamos multiplicadores de los dones que generosamente vamos compartiendo. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén.
Feliz y santo fin de semana.
