Abrir los ojos es el mayor regalo que nos das porque, al contemplar este nuevo amanecer, contemplamos también nuestras vidas y el deseo de iniciar este día llenos de energía y anhelos de servir y amar desde el corazón. Por eso elevamos nuestras oraciones a ti. Señor: nuestro corazón permanece inquieto hasta que haya descubierto la paz que tú nos ofreces y los infinitos tesoros de tu amor. Ayúdanos a poner nuestra confianza y alegría no en cosas frágiles y pasajeras sino en ti, en tu Buena Nueva de salvación y en el reino que viniste a instaurar en medio de nosotros.
Haznos pobres de espíritu y receptivos, danos a cada uno de nosotros un corazón atento y sabio para seguir buscándote hasta que te encontremos en nuestros hermanos. Que no nos cansemos de buscar el tesoro escondido de la amistad, la generosidad y la esperanza. Permite que encontremos también la perla fina de las palabras optimistas y amorosas para todos con quienes compartamos este día y de los buenos y bondadosos sentimientos para amar y servir, pero ante todo de saber que contamos contigo, con tu presencia y tu bondad.
Nuestra Madre, la Virgencita, nos muestre su ternura y en su santo regazo nos guíe hasta ti nuestro único y verdadero tesoro. En esta semana que estoy en retiros espirituales con mis hermanos sacerdotes, voy a ofrecer la Eucaristía por las intenciones de ustedes. El lunes pedí por nuestros enfermos, ayer por los viajeros, hoy miércoles por nuestras familias, el jueves oraré por nuestros angelitos que desde el cielo nos cuidan y el viernes por las comunidades donde el Señor me ha dado la ocasión de poder servir: San Agustín, San Isidro, San Juan Bautista De La Salle, Cristo Resucitado y Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Los abrazo y los bendigo. Amén.
Bendecido miércoles para todos.
