Alegre y vocacional amanecer que nos regalas para contemplar las obras de tus manos; gracias, Señor, porque miramos la vida en esta mañana que nos regalas consentimientos de fe y de esperanza, sabiendo que tú caminarás a nuestro lado y nos mostrarás el sendero que hemos de recorrer.
Hoy en el salmo 39, te decimos: «aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»; para recorrer el camino de servicio de amor y de entrega, que en este día vamos a vivir. Hoy te damos gracias por esta fiesta tan hermosa en la que la Iglesia te celebra como Sumo y Eterno Sacerdote y contempla cómo te ofreciste al Padre celestial por nuestra salvación.
Ayúdanos a vivir tu servicio de entrega, fraternidad y solidaridad, recorriendo tu camino, viviendo tu ministerio, como lo hiciste en fidelidad entrega y servicio al pueblo, para hacer la voluntad del Padre celestial. Ayúdanos, Señor, a llevar adelante estas hermosas palabras que tú dirigiste a Pedro y los discípulos en el momento de tu oración en el huerto de Getsemaní: «velen y oren para no caer en tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
Gracias, Señor, por tu sacerdocio y el sacerdocio ministerial que le regalaste a muchos hermanos que tú has llamado para que sigan prolongando en la historia tu acción de gracias. Acoge sus alegrías, triunfos y esperanzas, pero también sus luchas y tristezas. Hazlos semejantes a ti, en tu amor y servicio fidelidad y entrega. Amén.
Un muy feliz, vocacional y sacerdotal jueves de servicio fraterno.
Palabra del Papa
Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo; esta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, [...] cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas [...] Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición [...] el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. [...]
Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. [...] El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor [...]. —esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note—[...] Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción —y no la función— y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús. (Homilía del papa Francisco en la Misa Crismal, 28 de marzo de 2013).
