Buenos y esperanzadores días nos regalas en este nuevo amanecer. Al iniciar nuestra jornada, tenemos que agradecerte por la vida y el testimonio de aquellos dos hombres que con su vida y ejemplo nos han enseñado a creer en ti, a confiar en tu palabra y hacerla viva en el llamado que ─por medio del Espíritu Santo─ nos has hecho a cada uno de nosotros.
“¿Y vosotros, quién decís que soy yo?” A Pedro y Pablo les costó entender esta pregunta, pero al final te conocieron y te respondieron con la entrega de su propia vida hasta el final. Qué bonita forma de contestar a esta pregunta, con los hechos, con la vida, no con ideas o teorías. Señor, nosotros también necesitamos profundizar nuestra fe y seguirte conociendo, enamorarnos cada día más de ti, seguirte y escucharte. Todo ello es necesario, pero la pregunta que nos haces, se contesta con la entrega, el cariño y la disponibilidad, a pesar de las debilidades que tenemos y que Pedro y Pablo también tuvieron. Pablo, perseguidor, cuya vida dio la vuelta tras tu proceso tumbativo de conversión y Pedro, pescador impulsivo, que fue débil en el momento de la prueba, pero que cuando experimentó tu perdón se entregó a ti sin condiciones y recibió el encargo de presidir tu Iglesia. Eran normales, como nosotros; pecadores, también como nosotros. Sin embargo, lo que les hizo grandes fue dejarse llevar por tu iniciativa y responder a tu llamado. Ayúdanos con tu gracia para que nuestro testimonio de entrega y disponibilidad sea incondicional en nuestro seguimiento y que podamos decir, como Pedro: “Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero” y como Pablo: “No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”.
Un muy feliz y vocacional martes para todos, bendecidos en tu amor. Guárdanos y protégenos de todo mal y que Nuestra Madre interceda por nosotros. Amén.

