Alegre despertar que nos llena de fe y esperanza para realizar en este día nuestro camino cotidiano. Ilumínanos y líbranos de todo lo negativo. El cariño y generosidad, tu amor y tu bondad, son momentos especiales que nos concedes y que nos hacen mirar la vida con ojos de fe, y sentimientos de gratitud. La fe siempre es un salto. Parte de un “ver” para llegar a “creer”. Pero no todos los que “vemos” creemos. Quizá Tomás, como otros muchos, esperaba haber visto un Mesías triunfador y se encontró con la cruz. Y justamente eso es lo que tenía que ver para creer. Al final, Tú te le presentaste con los signos de la pasión y ante ti, Tomás te dice ese hermoso: «Señor mío y Dios mío».
Que también nosotros podamos “ver” la maravilla de la vida, el corazón de las personas, tus palabras, el grito de los necesitados y viendo todo eso, “creer” y responderte «Señor mío y Dios mío». Iniciamos con mucha fe y esperanza nuestras labores cotidianas, esperando sean productivas y benéficas para nuestros hermanos. Hoy sea la ocasión de poder servir, amar y testimoniar toda tu bondad. TODO NOS PUEDE FALTAR EN NUESTRA VIDA, MENOS LA FE, una fe sólida y firme. Santo Tomás nos ayude en nuestro combate espiritual contra la duda, la desesperanza y tu ausencia. Que este viernes sea de mucha fe y confianza en Ti y confianza en nosotros mismos. «Dichosos los que creen sin haber visto». Bendícenos, guárdanos y protégenos.
Palabra del Papa
«Tenemos que tocar las llagas de Jesús, debemos acariciar las llagas de Jesús, tenemos que curar las llagas de Jesús con ternura, tenemos que besar las llagas de Jesús, y esto literalmente. Pensemos, ¿qué pasó con San Francisco, cuando abrazó al leproso? Lo mismo que a Tomás, que su vida cambió». El Papa dijo para concluir que «para tocar al Dios vivo no hay necesidad de hacer un curso de actualización, sino entrar en las llagas de Jesús, y para ello basta salir a la calle. Pidamos a Santo Tomás la gracia de tener el coraje para entrar en las llagas de Jesús con nuestra ternura y seguramente tendremos la gracia de adorar al Dios vivo» (papa Francisco miércoles 3 de julio de 2013).
