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5-ago.-2021 jueves de la 18.ª semana del Tiempo Ordinario

Gracias, Señor, por darnos un nuevo amanecer; por regalarnos tu bendición, el don de la salud y el bienestar.

Al inicio de una nueva jornada, abrimos el corazón a sentimientos de gratitud para alcanzar las bendiciones recibidas y llenarnos de energía espiritual y renovada. Gracias, Señor, por darnos un nuevo amanecer; por regalarnos tu bendición, el don de la salud y el bienestar.  Ahora Señor, permite que nuestro actuar sea de acuerdo a tu voluntad; sabemos que vamos a encontrar en nuestro camino momentos de desesperación, momentos de sed y momentos en que no encontramos con qué saciarla. Los descontentos ─que son contagiosos─ nos llevan a la ingratitud y nos hacen olvidar lo bueno para fijarnos solo en lo malo. Esa es la reacción del pueblo, una reacción en la cual ellos encuentran que únicamente Moisés y Aarón pueden recurrir a Dios, quienes, por medio de la oración, encuentran soluciones a las dificultades. Nosotros también deberíamos saber orar nuestros disgustos y ver todo desde ti, no con ánimo ofendido o a partir de nuestros sentimientos sino buscando cumplir tu voluntad y la voluntad del Padre Celestial.

Ayúdanos a tener una fe muy sentida que nos permita amarte sin dudar, porque sabemos que muchas veces nuestra debilidad no nos permite arraigar plenamente nuestra confianza en ti; sabemos que nuestra fe es débil y encerrada en la búsqueda del provecho personal. Permítenos acogernos a la fe que incluye los momentos de sufrimiento y de cruz, porque muchas veces te confesamos como el Mesías, pero no como el crucificado que acepta la renuncia y se compromete a entregar la vida por nosotros.

Ayúdanos a superar nuestro sentimiento de pensar únicamente en la gloria y el bienestar ─como Pedro en el Monte Tabor o en el Monte de la transfiguración─ sin tener en cuenta el Monte Calvario, el monte de la cruz. Que podamos aceptarte como el mesías que sufre y se ha sacrificado por cada uno de nosotros. Gracias, Señor, porque al reconocerte verdaderamente como nuestro mesías y salvador, podremos aceptar y llevar nuestra cruz; no una cruz pesada sino la cruz de esperanza; la cruz de fe y la cruz de amor que pasa por el sufrimiento. Amén.

confessiopetri

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.