Qué bella mañana regalas para decirte gracias. Gracias por el amor de mi madre, gracias por haberme dado al ser más maravilloso, generoso y amoroso, desinteresado, lleno de bondad y de ternura. Gracias por mi madre y gracias por cada madre que representa tu presencia amorosa. Que hoy especialmente sepamos decirle todo lo que Ella representa para cada uno de nosotros como hijos. Y ahora recibe nuestra oración confiada: Hoy nos recuerdas de nuevo que en el corazón el centro es el amor: Amor a Dios, amor de unos para con otros, amor a nosotros mismos. Tu nos dices que tenemos que amarnos unos a otros como nos has amado. Éste es un amor muy exigente, ya que nos compromete a amar no sólo a los que nos caen bien y que nos aman o son compañeros de las mismas ideas, sino también a los difíciles, a los egoístas, a los que están muy lejos de ser perfectos, a marginados y extraños. Eso no es tan fácil, y esa es probablemente la razón por la que tú lo llamas “mandamiento”. Ayúdanos, Señor a encontrar el verdadero camino, para amar con tus mismos sentimientos y sobre todo que lo hagamos desde el corazón y con el corazón. Nos muestras que el amor, como nos dice San Pablo, no es envidioso ni egoísta, no procede con bajeza, no busca su propio interés, sino que el amor verdadero cree sin reservas, espera sin reservas, soporta sin reservas.”
A nuestras madres un feliz y agradecido día. Las queremos por ser las mejores madres del mundo.
