“El crecimiento incontenible del Reino”
DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (JUNIO 13 DE 2021)
MONICIÓN DE ENTRADA
La esperanza del reino mesiánico anunciado por el profeta Ezequiel con la imagen del tallo que, con los cuidados del Señor, se convierte en su cedro noble, se hace realidad en el Reino de Dios que crece incontenible, a pesar de comienzos tan modestos como los de un diminuto grano de mostaza. Esto fundamenta la confianza y el optimismo de quien camina guiado por la fe. Agradecidos por ser parte del Reino, empecemos nuestra liturgia con el canto de entrada. De pie.
MONICION ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS
Comparaciones inspiradas en el mundo de la agricultura forman el escenario simbólico en el que se desarrollan las lecturas de este domingo. Tanto Ezequiel como Jesús usan imágenes del campo para explicar el la instauración y crecimiento del Reino. Y por si nos parece que el Reino no avanza al ritmo esperado, Pablo nos recuerda la importancia de caminar en la fe aunque todavía no veamos lo que esperamos. Escuchemos atentos.
PRIMERA LECTURA
Lectura del Profeta Ezequiel (17,22-24):
Esto dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel; para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.»
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Es bueno darte gracias, Señor.
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad.
Es bueno darte gracias, Señor.
El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios.
Es bueno darte gracias, Señor.
En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.
Es bueno darte gracias, Señor.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta de san Pablo a los Corintios (5,6-10):
Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,26-34):
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.»
Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra.»
Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.
Palabra del Señor.
HOMILIA
Anoche tuve un sueño raro. En la plaza mayor de la ciudad habían abierto una nueva tienda. El rótulo decía: “Regalos de Dios”. Entré. Un ángel atendía a los compradores.
-¿Qué es lo que vendes?, pregunté.
- Vendo cualquier don de Dios.
-¿Cobras muy caro?
-No, los dones de Dios son siempre gratis.
Miré las estanterías. Estaban llenas de ánforas de amor, frascos de fe, macutos llenos de esperanza… Yo necesitaba un poco de todo.
Le pedí al ángel que me diera una ración de amor, dos de perdón, tres de esperanza, unos gramos de fe y el gran paquete de la salvación.
Cuando el ángel me entregó mi pedido quedé totalmente sorprendido. ¿Cómo puede estar todo lo que he pedido en un paquete tan diminuto?, le pregunté al ángel.
Mira, amigo, Dios nunca da los frutos maduros. Dios sólo da pequeñas semillas que cada uno tiene que cultivar y hacer crecer.
La manía de lo grande anida en cada corazón y en nuestra sociedad. El rascacielos más grande, el coche más potente, el hombre más rápido, el predicador más elocuente… Sólo premiamos al número uno. Lo queremos todo ya, aquí y ahora. Despreciamos lo pequeño y lo invisible.
Saint Exuperio dice que las cosas esenciales sólo se ven con el corazón.
Dios según la parábola del grano de mostaza nos ofrece una enseñanza sorprendente.
Dios no nos necesita, pero quiere contar con nosotros. El evangelio, semilla de mostaza sembrada en el campo del mundo, es fuerza de salvación para todos los que creen en él.
La vida de Jesús, semilla sembrada y enterrada, ha dado grandes frutos y se ha convertido en el único árbol en el que todos podemos hacer nuestro nido.
Hoy son muchos los que desconfían de los grandes árboles, las religiones organizadas, que presumen de ser la única solución.
“Es imposible hacer eclesiología sin cristología, y cualquier problema eclesial no puede resolverse sin hacer un recurso previo a Cristo: hay que hablar menos de la Iglesia y más de Cristo; hay que luchar contra el peligro del narcisismo eclesial”. (José M. González Ruiz)
Sólo hay salvación en Jesucristo. En Él tenemos que fijar nuestros ojos. En Él tenemos que poner nuestra fe y nuestra esperanza.
Como la semilla crece y da frutos a pesar de nosotros, dejemos actuar el poder de Dios.
Vivimos muchas veces obsesionados por los grandes problemas de nuestro mundo: la contaminación, la droga, la violencia, los fallos de las personas y sus pecados… Nuestra predicación enfatiza lo negativo como si Dios no existiera y no se preocupará de nuestro mundo.
Son muchísimas las cosas buenas, las personas buenas, los actos solidarios que nos rodean, semillas del Reino, que lo hacen crecer sin que nos demos cuenta. Celebrar la bondad de Dios y cantar su poder para que todo fructifique es la tarea del cristiano.
Lo nuestro es crecer y ayudar a crecer en Cristo a los hermanos.
Lo nuestro es creer en el árbol grande y generoso que es Jesucristo.
Lo nuestro es confiar en que todo depende de Dios y trabajar por el Reino como si todo dependiera de nosotros.
ORACIÓN UNIVERSAL
A cada petición contestamos:
Roguemos al Señor
- Para que el Espíritu de Dios inspire y fortalezca al Papa N. y a nuestro obispo
- Para que las iglesias cristianas alcancemos la unidad bajo la guía del único pastor que es Jesucristo.
- Para que los padres y madres de familias sepan dirigir su familia con sabiduría y corazón humilde y cariñoso.
- Para que los que celebramos esta Eucaristía nos mantengamos constantes en el camino del Evangelio.
EXHORTACIÓN FINAL
Bendito sea tu nombre, Padre nuestro, Dios de la paciencia, porque Jesucristo,
tu Hijo, inauguró entre nosotros tu reino con los medios pobres que tú prefieres
para tus obras, sin espectacularidad deslumbrante, sin impaciencia
avasalladora. Así manifestó la fuerza interior e incontenible del reino, cuyos
comienzos humildes y callados, pero eficaces, nos hablan de optimismo
esperanzado frente a nuestro derrotismo impaciente. Concédenos, Señor,
ahondar en la oración y la contemplación, en la admiración y e gozo del Espíritu,
para captar la gratuidad de tu reino en la pequeña semilla que desafía la
intemperie, para saber esperar, aguardando con fe tu gloriosa venida.
Amén.
