DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B (JULIO 25 DE 2021)
MONICIÓN DE ENTRADA
Buenos días (tardes, noches) queridos hermanos. Jesús nos invita a celebrar con él el banquete eucarístico para fortalecernos en el camino de la vida, y por eso estamos aquí.
A partir de hoy, y durante cinco domingos, interrumpimos la lectura del evangelio de Marcos para leer casi íntegro el capítulo 6 de Juan, con la multiplicación de los panes y el discurso-catequesis de Jesús sobre el Pan de la Vida que es él mismo. De tal modo que esta misa adquiere un carácter muy especial, por lo que pedimos una mejor disposición de cada uno. De pie, cantamos con júbilo...
MONICION ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS
Dos grandes figuras proféticas, aunque muy distintas entre sí, protagonizan las lecturas de hoy: Eliseo y Jesús. Ambos realizan grandes signos que intentan orientar a la gente hacia Dios. El pan que multiplican contiene una fuerza divina y sacia todo tipo de hambre, física y espiritual. Pongamos mocha atención a estas lecturas.
PRIMERA LECTURA
Lectura del segundo libro de los Reyes (4,42-44)
En aquellos días, vino un hombre de Baal-Salisá trayendo en la alforja las primicias -veinte panes de cebada- y grano reciente para el siervo del Señor.
Eliseo dijo a su criado:
«Dáselos a la gente para que coman».
El criado respondió:
– «¿Qué hago yo con esto para cien personas?»
Eliseo insistió:
– «Dáselos a la gente para que coma. Porque esto dice el Señor: “Comerán y sobrará “».
El criado se lo sirvió a la gente; comieron y sobró, como había dicho el Señor.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Abres tu la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
Abres tu la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo.
Abres tu la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
Abres tu la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
Abres tu la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Efesios (4, 1-6)
Hermanos:
Yo, el prisionero por Cristo, les ruego que caminen como pide la vocación a la que han sido convocados.
Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos; sobrellévense mutuamente con amor; hagan el esfuerzo en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que han sido convocados.
Un Señor, una fe, un bautismo.
Un Dios Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
Bendito sea por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan (6,1-15):
En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe:
– «¿Con que compraremos pan para que coman éstos?» (lo hizo para tentarlo, pues bien sabía Él lo que iba a hacer). Felipe le contestó:
– «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
– «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces, pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo:
– «Díganle a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron: sólo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos:
– Recojan los pedazos que han sobrado, que nada se desperdicie.
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
– Este sí que es el profeta que tenía de venir al mundo.
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él sólo.
Palabra del Señor.
HOMILIA
Durante varios domingos el Evangelio está tomado del discurso que pronunció Jesús sobre el pan de vida en la sinagoga de Cafarnaúm, y que refiere el evangelista Juan. El pasaje de este domingo viene del episodio de la multiplicación de los panes y los peces, que hace de introducción al discurso eucarístico.
No es casualidad que la presentación de la Eucaristía comience con el relato de la multiplicación de los panes. Con ello se viene a decir que no se puede separar, en el hombre, la dimensión religiosa de la material; no se puede proveer a sus necesidades espirituales y eternas, sin preocuparse, a la vez, de sus necesidades terrenas y materiales.
Fue precisamente ésta, por un momento, la tentación de los apóstoles. En otro pasaje del Evangelio se lee que ellos sugirieron a Jesús que despidiera a la multitud para que fuera a los pueblos vecinos a buscar qué comer. Pero Jesús respondió: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mateo 14, 16). Con ello Jesús no pide a sus discípulos que hagan milagros. Pide que hagan lo que pueden. Poner en común y compartir lo que cada uno tiene. En aritmética, multiplicación y división son dos operaciones opuestas, pero en este caso son lo mismo. ¡No existe «multiplicación» sin «partición» (o compartir)!
Este vínculo entre el pan material y el espiritual era visible en la forma en que se celebraba la Eucaristía en los primeros tiempos de la Iglesia. La Cena del Señor, llamada entonces ágape, acontecía en el marco de una comida fraterna, en la que se compartía tanto el pan común como el eucarístico. Ello hacía que se percibieran como escandalosas e intolerables las diferencias entre quien no tenía nada que comer y quien se «embriagaba» (1 Co 11, 20-22). Hoy la Eucaristía ya no se celebra en el contexto de la comida común, pero el contraste entre quien tiene lo superfluo y quien carece de lo necesario no ha disminuido, es más, ha asumido dimensiones planetarias.
Sobre este punto tiene algo que decirnos también el final del relato. Cuando todos se saciaron, Jesús ordena: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Nosotros vivimos en una sociedad donde el derroche es habitual. Hemos pasado, en cincuenta años, de una situación en la que se iba al colegio o a la Misa dominical llevando, hasta el umbral, los zapatos en la mano para no gastarlos, a una situación en la que se tira el calzado casi nuevo para adaptarse a la moda cambiante.
El derroche más escandaloso sucede en el sector de la alimentación. Una investigación del Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos revela que una cuarta parte de los productos alimentarios acaba cada día en la basura, por no hablar de lo que se destruye deliberadamente antes de que llegue al mercado. Jesús no dijo aquel día: «Destruid los trozos sobrantes para que el precio del pan y del pescado no baje en el mercado». Pero es lo que prácticamente se hace hoy.
Bajo el efecto de una publicidad machacona, «gastar, no ahorrar» es actualmente la contraseña en la economía.
Cierto: no basta con ahorrar. El ahorro debe permitir a los individuos y a las sociedades de los países ricos ser más generosos en la ayuda a los países pobres.
Si no, es avaricia más que ahorro.
ORACIÓN DE LOS FIELES
- Para que la caridad de la Iglesia reproduzca el milagro del maná multiplicado, roguemos al Señor.
- Para que los saciados de pan tengan hambre de justicia y sepan compartir su riqueza, roguemos al Señor.
- Para que el mundo del hambre obtenga el pan que necesita y pueda apetecer el otro pan, roguemos al Señor.
- Para que los jóvenes respondan al llamado del Señor a la vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.
- Para que, participando del pan de la Eucaristía, sepamos compartir con los demás el pan de nuestra existencia, roguemos al Señor.
EXHORTACIÓN FINAL
Te bendecimos, Dios de los pobres y hambrientos del mundo, porque Jesús se
compadeció de la gente extenuada y famélica, y repartió en abundancia el pan del
reino a los pobres.
Él invita también a su mesa eucarística a todos sus hijos, como hermanos que
participamos del mismo pan familiar.
Nosotros queremos celebrar dignamente la cena del Señor, con un corazón abierto al
amor y la fraternidad universal, compartiendo la fe, el pan y la vida con nuestros
hermanos, especialmente con los más pobres de bienes y derechos.
Danos, Señor, hambre del pan de vida que eres tú,
y sáciala definitivamente en el banquete de tu reino.
Amén.
