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Domingo 11º del Tiempo Ordinario Domingo 13 de junio de 2021

 

 

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... como un grano de mostaza.”  (Marcos 4, 2634 ).

¡Pequeñas semillas!

Vivimos ahogados por las malas noticias... y por las falsas noticias. Emisoras de radio, canales de televisión, informativos, reportajes, periódicos y revistas descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, conflictos, hambres, refugiados, tragedias, violencias, paros, bloqueos, escándalos grandes y pequeños. Los vendedores de sensacionalismo no parecen encontrar otra cosa más notable en nuestro planeta tierra.

La increíble velocidad con que se difunden las noticias nos deja aturdidos y desconcertados. ¿Qué puede hacer uno ante tanto sufrimiento? Cada vez estamos más informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos más impotentes para afrontarlo.

La ciencia nos ha querido convencer de que los problemas actuales se pueden resolver con más poder tecnológico. Pero este poder organizado no está ya en manos de las personas sino en las estructuras. Se ha convertido en un “poder invisible” que se sitúa más allá del alcance de cada individuo.

Entonces, la tentación de escondernos es grande. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? ¿No son acaso los dirigentes políticos, economistas y empresarios quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia más dichosa, más digna, más humana y más justa?

No, no es así. Hay en el Evangelio de hoy una llamada dirigida a todos, a todos, y que consiste en sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no habla de cosas grandes. El reino (reinado) de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orígenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla más pequeña, pero que está llamado a crecer y fructificar de manera insospechada. Del pequeño grano sale el fruto. Del principio sale el final. En lo más pequeño está ya activo lo grande e inmenso...

Seguramente necesitamos aprender de nuevo a valorar los pequeños gestos, las pequeñas palabras. No nos sentimos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad y belleza en cada rincón de nuestro pequeño mundo. Un gesto oportuno, una palabra oportuna, al que está en un problema, una sonrisa acogedora a quien está solo, una señal de cercanía a quien comienza a perder la esperanza, un rayo de pequeña alegría en un corazón agobiado… no son cosas grandes. Son pequeñas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas oportunas, sencillas y buenas.

 

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez