
Simón Pedro le contestó: “Señor. ¿a quién vamos a acudir?
Tú tienes palabras de vida eterna”. (Juan 6, 60–69).
Retomamos hoy la lectura y meditación del capítulo 6 del Evangelio escrito por Juan.
En nuestra sociedad vivimos acosados por palabras, comunicados, imágenes y noticias de todo tipo. Prácticamente ya no es posible vivir en silencio. Anuncios, publicidad, noticieros, discursos, declaraciones, Internet, correos electrónicos, redes sociales, WhatsApp… invaden nuestro mundo interior y nuestro ámbito familiar.
Pero, todas esas palabras... ¿son palabras ”llenas de espíritu y vida”, como eran las palabras de Jesús, o son palabras vacías?
La palabra de Jesús era diferente, muy diferente. Su palabra brotaba de su propio ser, brotaba de su amor apasionado e incansable a su Padre y a sus hermanos, los hombres. Era una palabra creíble, llena de vida y de verdad. Se entiende la reacción espontánea de Simón Pedro: ”Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Muchos varones y mujeres de hoy no han tenido nunca la suerte de escuchar con sencillez y de manera directa sus palabras. Su mensaje les ha llegado, muchas veces desfigurado y distorsionado por demasiadas doctrinas, fórmulas dogmáticas y discursos poco fieles al Evangelio de Jesús.
Uno de los mayores servicios que podemos realizar en la Iglesia es poner la persona y el mensaje de Jesús al alcance de los hombres, mujeres y varones, de nuestros días. Ponerles en contacto con su persona. La gente no necesita escuchar nuestras palabras sino las suyas, las palabras de Jesús. Sólo ellas son ”espíritu y vida”.
Es sorprendente ver que, cuando nos esforzamos por presentar a Jesús de manera viva, directa y auténtica, su mensaje resulta más actual que todas nuestras palabras y catequesis y homilías y charlas y cursos ...

