FIESTA DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (JUNIO 6 DE 2021)
MONICIÓN DE ENTRADA
Queridos hermanos, nos encontramos ahora celebrando la solemnidad del Corpus -que ahora se llama mejor "del Cuerpo y Sangre de Cristo"- y que nació en el siglo XIII y es una celebración que nos hace centrar nuestra atención agradecida en la Eucaristía como sacramento en el que Cristo Jesús ha pensado dársenos como alimento para el camino, haciéndonos comulgar con su propia Persona, con su Cuerpo y Sangre, bajo la forma del pan y del vino.
En la fiesta de hoy no nos fijamos tanto en la celebración de la Eucaristía, aunque la organicemos y celebremos con particular festividad, sino en su prolongación, la presencia permanente en medio de nosotros del Señor Eucarístico, como alimento disponible para los enfermos y como signo sacramental continuado de su presencia en nuestras vidas, que nos mueve a rendirle nuestro culto de veneración y adoración.
Dispongámonos ahora más que nunca, a celebrar dignamente esta Eucaristía. En pie, cantemos...
MONICION ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS
En la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo la liturgia se explica a sí misma. En efecto, las lecturas que proclamamos en este día nos sirven para entender mejor lo que celebramos cada domingo en la eucaristía. En todas ellas aparecen vinculados los conceptos de “sangre” y de “alianza”, aunque con un sentido diverso en cada caso. Escuchemos atentamente los detalles en cada lectura.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Éxodo (24,3-8):
En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: «Haremos todo lo que dice el Señor.»
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.»
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas.
Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos (9,11-15):
Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos (14,12-16.22-26):
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?" Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.
Palabra del Señor.
HOMILIA
Una familia del este de Europa decidió emigrar a América. Sus familiares y amigos se reunieron para despedirles y como regalo de despedida les dieron pan y queso. Eran pobres como ellos y no podían ofrecerles nada más. La familia reunió pan y queso suficientes para que les durara durante toda la travesía.
Viajaron en un viejo barco de vapor recluidos en su camarote durante todo el viaje para no malgastar sus pocos ahorros. Todas sus comidas consistían en pan y queso. La víspera del desembarco, el más pequeño de los hijos, un muchacho de nueve años, suplicó insistentemente a su padre que le dejara salir para comprarse una manzana, estaba ya enfermo de tanto pan y queso. El padre después de regañarle y, de mala gana, le dio unos céntimos para que subiera a cubierta y se comprara la manzana. Y le ordenó que volviera inmediatamente al camarote.
El muchacho salió, el tiempo pasaba y no regresaba, su padre preocupado por la tardanza fue en su búsqueda. Lo buscó en el comedor del barco y cual no fue su sorpresa al verle comiendo una cena suculenta. Pensando en el gasto, se indignó y empezó a echarle una reprimenda. El muchacho se levantó y le dijo: "Papá es todo gratis. Lo podíamos haber comido todos los días. La comida está incluida en el pasaje".
Como en la historia del pan y del queso, muchos cristianos corren el riesgo de encerrarse en sus devociones: su rosario, sus novenas, sus romerías, su grupo…y no enterarse de que hay un alimento gratis y más importante para la vida cristiana que todas las devociones: el Cuerpo de Cristo.
"Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre no tenéis vida eterna".
Muchos cristianos recluidos en sus casas y en sus negocios nunca vienen a este magnífico comedor y no se enteran de que Jesús nos dejó un alimento gratis para vivir unidos a Él y a los hermanos.
Los primeros cristianos decían: "No podemos vivir sin celebrar el día del Señor". No podemos vivir sin alimentarnos del Señor.
El Cuerpo de Cristo.
Cuando digo el "Cuerpo de Cristo", hablo de un ser humano inteligente, amante… Alguien tan como nosotros que durante treinta años ninguno de sus paisanos vio nada especial en él.
San Pablo en 1 Corintios 11, 24 dice: "Este es mi cuerpo entregado por vosotros". Esta es la razón de su cuerpo, la razón de su encarnación, por vosotros, por ti, por mí.
El Hijo de Dios te amó tanto que te dejó su cuerpo resucitado en las especies del pan y vino, el Cristo sacramento, oculto pero real, y entregado por ti.
Un cuerpo que no podemos imaginar, pero sí podemos adorar.
Una presencia que no podemos discutir, pero sí podemos adorar.
Su cuerpo… por ti.
"Así como el pan es uno, nosotros, aunque somos muchos, somos un cuerpo, porque participamos del mismo pan". "Vosotros sois el cuerpo de Cristo". Juntos formamos la iglesia, juntos formamos el cuerpo de Cristo. Somos uno en Cristo Jesús. Y ya nadie puede decir a nadie en la comunidad: no te necesito.
Cada parroquia, grande o pequeña, entusiasta o aburrida, vieja o joven, rica o pobre, está llamada a ser consciente de que representa al mismo Jesucristo, de que tiene que hacerle presente a través del amor y del servicio. Y tiene que seguir ofreciendo a todos la oportunidad de alimentarse en la mesa del Señor. Restaurante dominical para celebrar lo que Dios hace en nosotros y a través de nosotros. Restaurante abierto a todos para llegar sanos y salvos al final de nuestra travesía a un puerto desconocido y sin nombre. Allí nos espera una sorprendente bienvenida.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Antes de disponer la mesa santa donde el Señor hará nuevamente presente su tránsito pascual que salva a todos los hombres, elevemos nuestras súplicas a Dios nuestro Padre y unidos a toda la Iglesia oremos con fe diciendo:
"Danos tu Pan, Señor”.
- Padre Celestial, dale a tu Iglesia el sustento necesario para seguir cumpliendo la misión que tú le has encomendado. Oremos.
- Padre, te pedimos que guíes a nuestros gobernantes para que puedan tomar buenas decisiones que favorezcan a nuestros pueblos. Oremos.
- Padre, te pedimos el pan material para aquellos que no lo tienen, trabajo para los desempleados y un corazón generoso para que todos podamos compartir lo que tenemos. Oremos.
- Padre, haz que quienes ahora participamos de este banquete eucarístico, permanezcamos siempre fieles a tu amor. Oremos.
EXHORTACIÓN FINAL
Aliméntanos con tu Cuerpo y Sangre, Señor, renueva con nosotros tu alianza y escucha nuestras oraciones para que viviendo en comunión contigo manifestemos tu fidelidad a los hombres. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
