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Meditación TIEMPO LITÚRGICO DE CUARESMA 3º Domingo  –  7 marzo 2021

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“Quiten esto de aquí: no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.  (Juan 2, 13–25).

Todos los cuatro evangelios se hacen eco de un gesto valeroso y provocador de Jesús dentro del recinto del Templo de Jerusalén. Arrojó a un grupo de vendedores de palomas, volcó las mesas de algunos cambistas y trató de interrumpir la actividad durante algunos momentos. No pudo hacer mucho más.

Sin embargo, aquel gesto o signo profético fue lo que desencadenó su detención y rápida condenación a morir crucificado. Atacar el Templo (El Templo de Jerusalén) era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y política. El Templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. ¿Qué sería del pueblo sin su presencia entre ellos?, ¿cómo podrían sobrevivir sin el Templo?

Para Jesús, sin embargo, era el gran obstáculo para acoger el reinado de Dios tal como Él lo entendía y proclamaba. Su gesto ponía en cuestión el sistema económico, político y religioso sustentado desde aquel “lugar santo”. ¿Qué era aquel Templo?, ¿signo del reino de Dios y su justicia o símbolo de colaboración con el Imperio de Roma?, ¿casa de oración o almacén de los diezmos y primicias de los campesinos judíos?, ¿santuario del perdón de Dios o justificación de toda clase de injusticias?

Aquello era una “cueva de ladrones”. Mientras en el entorno de la “casa de Dios Padre” se acumulaba la riqueza, en las aldeas crecía la miseria de sus hijos. No. Dios no legitimaría jamás una religión como aquella. El Dios de los pobres no podía reinar desde aquel Templo. Con la llegada de su reinado, perdía su razón de ser.

La actuación de Jesús nos pone en guardia a todos sus discípulos y nos obliga a preguntarnos por la religión que estamos cultivando en nuestros Templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera “santa”, “piadosa”, de cerrarnos al proyecto de Dios Padre que Jesús quería impulsar en el mundo. Lo primero no es la religión, sino el reinado de Dios. Lo primero no es la Iglesia, sino el Reino de Dios. Lo primero no es el culto en el Templo, sino la espiritualidad en la vida de cada día...

¿Qué religión es la nuestra?, ¿hace crecer nuestra compasión por los que sufren o nos permite vivir tranquilos en nuestro bienestar?, ¿alimenta sólo nuestros propios intereses o nos pone a trabajar por un mundo más humano y habitable? Si se parece a la del Templo judío, Jesús no la bendeciría.

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez