El Maestro empezó a hacer presente el Reino de Dios entre nosotros convocando a los primeros discípulos y proponiéndoles llegar a ser pescadores de hombres. El domingo pasado, con el episodio de la sinagoga de Cafarnaúm en donde el Maestro liberó del espíritu inmundo a un hombre, principiamos el aprendizaje de ‘pescar hombres’, hoy continuamos con esta enseñanza en la casa de Simón.
El texto del evangelio de la misa de este domingo (Marcos 1, 29-39) tiene tres partes, en la primera hallamos la curación de la suegra de Simón, la segunda narra cómo la actividad liberadora de Jesús congrega a toda la población y en la tercera tenemos la expansión de la actividad evangelizadora de Jesús más allá de Cafarnaúm.
Saliendo de la sinagoga, donde Jesús obró la liberación del hombre poseído por un espíritu inmundo, el Maestro y sus discípulos van a casa de Simón. Es sábado, día de fiesta, día de liberación del trabajo y por ello día para compartir en familia. En la casa de Simón asistimos a la segunda lección en el aprendizaje de ‘pescar hombres’.
Hay quienes suelen identificar las situaciones de sufrimiento inexplicable como ‘voluntad de Dios’ y ocasión de ‘pagar’ por el pecado. En la primera parte del evangelio de este domingo se presentan dos estados de la suegra de Simón, uno enferma y otro sirviendo, ¿cuál es la voluntad de Dios para con esta mujer?, ¿que esté postrada en cama o que esté sirviendo?
Jesús «se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles». En la presente escena no hay palabras de Jesús como en la liberación del endemoniado hace ocho días, no hay palabra sino gestos, gestos de cercanía. Estas acciones de Jesús que denotan un cálido contacto humano tienen la capacidad de llevar alivio, consuelo y alegría: «Anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo». La segunda lección del aprendizaje de pescar hombres nos muestra a Jesús sustrayendo al ser humano de visiones fatalistas de la vida para hacerlo participar del Reino de Dios en libertad.
El Reino que anuncia y hace presente Jesús va más allá de un mero bienestar personal; en el episodio del evangelio, la liberación de la mujer nos lleva a comprender que la auténtica liberación es liberación para el servicio a los demás.
La segunda parte del evangelio de hoy refiere la respuesta del pueblo a la evangelización que inició Jesús. La ‘enseñanza nueva con autoridad’ y la liberación del hombre sometido por el espíritu inmundo atrae a la gente, de modo que, al atardecer, pasado el reposo cultual del sábado, «la población entera se agolpaba a la puerta» y allí Jesús sana a todos.
Una referencia temporal, «de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro», introduce la tercera parte; el relato pone a Jesús ante la tentación del populismo. Concluida la jornada inaugural, Jesús se retira a un lugar despoblado para estar a solas con su Padre. Simón y sus compañeros quieren mantener el ‘éxito grande’. Jesús, que posiblemente en el diálogo de la oración va reconociendo el proyecto del Padre, dice que Él ha salido (del Padre) para hacer presente el Reino de Dios en otra parte, más allá de la búsqueda de éxito.

