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Semana Santa  –  2021 DOMINGO DE RAMOS

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Lo que nos hace cristianos-católicos es seguir a Jesús. Nada más. Este seguimiento a Jesús no es algo teórico, ni algo abstracto. Significa seguir sus pasos, comprometernos como Él a humanizar la vida, y vivir así colaborando a que se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo donde reine Dios, donde Dios sea Dios (Reinado de Dios).

Esto quiere decir que los seguidores o discípulos de Jesús estamos llamados a poner verdad donde hay mentira, a introducir justicia donde hay abusos y crueldad con los más débiles, a reclamar compasión donde hay indiferencia y pasividad ante los que sufren. Y esto exige construir pequeñas comunidades donde se viva con el proyecto de Jesús, con su espíritu y sus actitudes.

Seguir así a Jesús trae consigo, más tarde o más temprano, conflictos, contrariedades y sufrimiento. Hay que estar dispuesto a cargar con las reacciones y resistencias de quienes, por una razón u otra, no buscan un mundo más humano, tal como lo quiere ese Dios revelado en Jesús. Quieren otro mundo.

Seguir a Jesús es una tarea apasionante: es difícil imaginar una vida más digna y noble. Pero tiene un precio. Para seguir a Jesús, es importante ”hacer”: hacer un mundo más justo y más humano; hacer una Iglesia más fiel a Jesús y más coherente con el Evangelio. Sin embargo, es tan importante o más ”padecer”: padecer, sufrir, por un mundo más digno; padecer, sufrir, por una Iglesia más fiel a Jesús.

Al final de su vida, el sacerdote teólogo K. Rahner escribió así: «Creo que ser cristiano es la tarea más sencilla, la más simple y, a la vez, aquella pesada “carga ligera” de que habla el evangelio. Cuando uno carga con ella, ella carga con uno, y cuanto más tiempo viva uno, tanto más pesada y más ligera llegará a ser Al final sólo queda el misterio. Pero es el misterio de Jesús».

 

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez