Pasar al contenido principal

TIEMPO LITÚRGICO DE PASCUA  Domingo 5º de Pascua – 2 mayo 2021

IMAGEN

imagen

Yo soy la verdadera vid ...  (Juan 15, 18)

 

La parábola es de una fuerza y belleza extraordinaria. Jesús es la vid, los que creemos en Él somos los sarmientos. Toda nuestra vitalidad nace de Él. Si la savia de Jesús resucitado corre por nuestra vida, palpita en nuestras venas, nos aporta amor, alegría, luz, creatividad, valentía para vivir como vivía Él. Si, por el contrario, no fluye en nosotros, somos sarmientos secos.

Éste es el auténtico problema de nuestra Iglesia que celebra a Jesús resucitado como vid llena de vida, pero que está formada, en gran parte, por sarmientos muertos. ¿Para qué seguir distrayéndonos en tantas cosas, (reuniones, grupos, cursos...) si la vida de Jesús no corre por nuestras comunidades y en nuestras venas?

Nuestra primera tarea hoy y siempre es permanecer en la vid, no vivir desconectados de Jesús, no quedarmos sin savia, no secarnos más. ¿Cómo se hace esto? Jesús lo dice con claridad: hemos de esforzamos para que sus palabras permanezcan en nosotros.

La vida cristiana no brota espontáneamente entre nosotros. El Evangelio no siempre se puede deducir racionalmente, por más inteligentes que seamos. Es necesario meditar, contemplar en silencio y soledad, largas horas las palabras de Jesús. Es necesario creer primero. Sólo creyendo podremos comprender en cierta medida, lo que ya creemos. Estoy seguro de que si yo no creyese, yo no comprendería. Sólo la familiaridad y comunión con el Evangelio de Jesús nos hace ir aprendiendo poco a poco a vivir como Él.

Este acercamiento frecuente, diario, a las narraciones del Evangelio nos va poniendo en unión con Jesús, nos contagia su amor al mundo, nos va apasionando con su proyecto, va infundiendo en nosotros su Santo Espíritu. Casi sin darnos cuenta, nos vamos haciendo sus discípulos.

Esta meditación personal de las palabras de Jesús, en el silencio y la soledad, nos cambia más, muchísimo más, que todas las explicaciones, catequesis, cursos, discursos, encíclicas y exhortaciones que nos llegan del exterior. Nosotros y todas, todas, las personas cambiamos desde dentro. Tal vez, éste sea uno de los problemas más graves de nuestra religión: no cambiamos, y no cambiamos porque sólo lo que pasa por nuestro corazón cambia nuestra vida; sólo lo afectivo es lo realmente efectivo y, con frecuencia, por nuestro corazón no pasa la savia de Jesús.

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez