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VIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B (AGOSTO 15 DE 2021)

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días (tardes, noches), hermanos y hermanas en Cristo. Hoy las lecturas nos invitan a participar en un banquete. La comida no es ordinaria, es el propio Cuerpo y Sangre de Cristo. Para tener vida eterna, y no simple obligación debemos participar en la Eucaristía y comulgar el cuerpo y la sangre del Señor, atendiendo a su oferta e invitación. Para que esa comunión sea plena tiene que alcanzar también a los hermanos, al mundo y la vida. Tal es la actitud sabia y sensata. De pie, para recibir al que presidirá esta Misa.

 

MONICION ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS

La Sabiduría del libro de los Proverbios y Jesús comparten hoy un mismo discurso y sus palabras se iluminan recíprocamente. La Sabiduría, que está junto a Dios, prepara un banquete en el que da a comer su pan y a beber su vino, con los que transmite una enseñanza que proporciona vida. Jesús también estaba junto a Dios, pero ha bajado a este mundo y ha preparado un convite en el que ofrece un pan que es su propia carne, su misma persona.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Proverbios (9,1-6)

La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado a sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."»

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

 

Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.

Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?

Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella. 

Gustad y ved qué bueno es el Señor.
 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5,15-20):

Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,51-58)

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor.

 

HOMILIA

COMER O NO COMER

La palabra clave en este largo sermón que es el capítulo 6 del evangelio de San Juan es COMER. Comer pan y beber vino.

Hoy nos olvidamos del verbo creer y pensamos en lo urgente, COMER.

Recuerden que la primera tentación del primer hombre, Adán, fue comer o no comer del árbol del bien y del mal. La serpiente primordial despertó su apetito y su ambición y Adán comió del árbol prohibido.

Hoy, Jesús, vencedor de la serpiente, nos invita a comer el pan de vida.

Esta necesidad tan humana, tan vital, es cantada en múltiples textos de la Biblia y de la literatura.

En la primera lectura del libro de los Proverbios, Sabiduría, Sofía, una mujer, “ha preparado una mesa”. “Venid a compartir mi comida y a beber el vino que he mezclado”. El banquete de la sabiduría lleva tiempo, aprendizaje, dedicación y amor porque es el banquete de la vida y para la vida.

El banquete de la otra mujer, texto no proclamado, llamada Necedad es el carpe diem, gozo presente, la inmediatez satisfecha, los sentidos abrevados, probar su banquete lleva a la muerte, su salón es una tumba de la que nadie sale.

En el principio era el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

La inculturación gastronómica es difícil y un obstáculo para los seres humanos. Adaptarse a la moda del vestir y pensar es cómodo y rápido. Siempre añoraremos las comidas de casa, nuestra herencia familiar y patria.

Los judíos que escucharon el sermón de Jesús aquel sábado gritaron: blasfemo, traidor, abominable, violador de lo santo, serpiente primordial. Sus oídos no podían creer lo que oían.

“Comed mi carne y bebed mi sangre” eran alimentos prohibidos por la Ley, era una idea repugnante y contraria a la dieta alimenticia promulgada por Moisés.

Jesús sabía que su sermón corría el riesgo de escandalizar y ofender a sus oyentes y lo asumió y hasta cargó las tintas para bien distinguir la mesa de la antigua alianza de la nueva.

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.

Vuestros padres comieron el maná y bebieron de la roca y murieron, pero los que se sienten a mi mesa, compartan mi pan, beban mi vino y celebren el don de Dios, esos vivirán para siempre.

Comulgar es hacerse uno con Cristo.

Comulgar es satisfacer el hambre espiritual.

Comulgar es reconocer y amar a Jesús. Jesús ya no es una idea para llenar nuestro cerebro. Jesús se hace pan y vino, carne y sangre, para alimentar a sus hijos que son también de carne y de sangre.

Jesús le dijo a Pedro tres veces: “Alimenta mis ovejas”. Y la Iglesia sigue poniendo una mesa y sobre la mesa pan y vino para la asamblea de los hijos presidida por los sacerdotes.

Vivamos la Eucaristía como el gran regalo de Jesús.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

A cada invocación ustedes se unirán diciendo:

Muéstranos, Señor, la abundancia de tu amor.

  1. Por la Iglesia, extendida por todo el mundo. Pidamos la plenitud del amor de Dios. Roguemos al Señor.
  2. Por los que gobiernan los pueblos. Pidamos el espíritu de justicia. Roguemos al Señor.
  3. Por los que son víctima de la debilidad humana, del odio y de la envidia, y de los innumerables errores del mundo. Roguemos al Señor.
  4. Por los países más ricos. Pidamos para que contribuyan generosamente a los que necesitan el pan y la técnica para existir. Roguemos al Señor.
  5. Por los que reclaman con fidelidad la Palabra de la salvación. Pidamos la sabiduría de Dios. Roguemos al Señor.
  6. Por nosotros reunidos alrededor del altar. Pidamos poder vivir por la sabiduría y no por el poder o las riquezas del mundo. Roguemos al Señor.

 

EXHORTACIÓN FINAL

Gloria a ti, Señor, porque nos invitas a sentarnos a la mesa en que tú repartes el pan de tu cuerpo y el cáliz de tu sangre a los hambrientos y sedientos del ancho mundo.

Daos, Señor Jesús, hambre del pan de vida que eres tú,

Y sáciala abundantemente con tu cuerpo y sangre inmolados,

Que nos dan vida eterna y comunión contigo y con los hermanos.

Porque el pan que compartimos es el germen de un mundo nuevo

en que los hombres son hermanos; y el cáliz de nuestra eucaristía

es tu sangre, Señor, derramada para la salvación del mundo.

Haz, Señor, que al comulgar seamos solidarios de los gozos

Y esperanzas, tristezas y angustias de todos los hombres.

Amén.