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VIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B (AGOSTO 29 DE 2021)

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos, les damos la más cordial de las bienvenidas a la Casa de Dios para celebrar juntos la Santa Misa dominical.

Después de habernos dejado iluminar, durante 5 domingos, por el evangelio de San Juan, hoy, en el Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, retomaremos a San Marcos y comenzaremos a escuchar también a Santiago.

Ansiosos por alimentarnos por el Pan de la Palabra y la Eucaristía, comencemos con alegría la celebración de estos misterios. De pie, cantamos...

 

MONICION ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS

Todas las lecturas de este domingo convergen en un mismo tema: la Palabra de Dios siempre es portadora de vida y liberación para el ser humano. Según la carta de Santiago y el Salmo, no debemos limitarnos a escucharla, sino que hay que llevarla a la vida por los caminos del amor y el servicio a los demás.

Escuchemos este mensaje.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Deuteronomio (4,1-2.6-8)

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente." Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?»

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

 

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago (1,17-18.21b-22.27)

Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,1-8.14-15.21-23)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»

Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor.

 

HOMILIA

(Deuteronomio 4:1-2.6-8; Santiago 1:17-18.21b-22.27; Marcos 7:1-8.14-15.21-23)

De vez en cuando hay alboroto sobre los Diez Mandamientos. Si una entidad colocara una representación de los Mandamientos en lugar público, es seguro que los ateos o los secularistas protestarían. Hace veinte años un juez tuvo fabricado un monumento de granito con los Diez Mandamientos inscritos en ello para su corte.  Después la protesta, una corte superior mandó que quitara el monumento. Dijo que era una violación de la separación entre la Iglesia y el estado. Entonces el juez hizo una campaña para buscar apoyo. Cargó el monumento de casi 2400 kilos a diferentes partes del país clamando la injusticia de la prohibición.

En un sentido el juez tenía la razón. Sí, los Diez Mandamientos ocupan un espacio céntrico en nuestra religión, pero su significado no es primeramente religioso. Más bien los Mandamientos forman los principios de la ley natural. Eso es, transmiten el núcleo de lo que es conducta recta como determinada por la razón humana. Prescriben las obligaciones y las prohibiciones para hacer posible la vida social. Por esta razón la primera lectura insiste que el pueblo Israel tiene que ponerlos en práctica.

En el evangelio los fariseos critican a los discípulos de Jesús por acciones que tienen poco que ver con los Diez Mandamientos. 

Dicen que es terrible que los discípulos no lavan sus manos antes de comer. Pero ni los Diez Mandamientos ni los otros preceptos de la ley judía requieren tal lavado. Es tradición de sus mayores impuesta por los superiores religiosos para evitar que partículas impuras toquen los labios del judío. Es verdad; no es muy difícil cumplir esta regla. Sin embargo, multiplicadas centenares de veces en diferentes áreas de la vida, tales tradiciones pueden hacerse insoportables.

Jesús siempre ha llevado a cabo los Diez Mandamientos y todas las reglas de la Ley. No obstante, insiste que las tradiciones de los mayores no atañan a esta categoría de deberes. Según Jesús agradar a Dios consiste ambos en amar a Dios y al prójimo y en evitar la maldad. La segunda lectura de la Carta de Santiago resume su modo de pensar. Dice que la religión consiste en ayudar a los desafortunados y distanciarse de las influencias que corrompen el alma.

Hoy en día las tradiciones de los mayores ocupan la mente de varios católicos. Algunos insisten que se arrodillen cuando reciben la hostia y la tomen en la lengua. Además, quieren que el sacerdote ofrezca la misa con su espalda al pueblo y que use el latín. Estas cosas no son malas, y probablemente ayudan a algunos rezar con más fervor. Sin embargo, no tienen el mismo valor de actos de compasión. Llevar comida a los desamparados después de la misa vale mucho más que la mujer cubra su cabello en el templo o que cualquiera persona ayune tres horas antes de la misa.

En un libro de oraciones un teólogo reflexiona sobre “el Dios de la ley”. Dice que es cierto que Dios está presente en los Diez Mandamientos de modo que cuando los cumplamos, encontramos a Él. Pero, pregunta el teólogo, ¿está Dios presente en las directrices de los superiores? Responde a su propio interrogante con “sí” cuando obedecemos las directrices por amor de Él. Si seguimos la directriz del obispo a recibir la hostia en la mano o la directriz del párroco a no estacionar el coche en alguna zona por amor de Dios, encontraremos a Dios. Es así cuando cumplimos las tradiciones de los mayores. Cuando los cumplimos por amor, encontramos a Dios.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

  1. Por nuestro Santo Padre el Papa N., por nuestro Obispo N., y todos los obispos, por los sacerdotes, diáconos y religiosas y religiosos de Jesús, y por todo el pueblo de Dios. Roguemos al Señor.
  2. Por los gobernantes de nuestro país y de todos los pueblos: para que bajo su gobierno tengamos una vida feliz y pacífica en justicia y caridad. Roguemos al Señor.
  3. Por los difuntos, en especial por los de nuestra familia y los de nuestra parroquia, para que pronto entren en la presencia del Señor. Roguemos al Señor.
  4. Por todos nosotros aquí reunidos, para que vivamos nuestra fe con profunda convicción y no por algo externo. Roguemos al Señor.

 

EXHORTACIÓN FINAL

Hoy te reconocemos, Padre, por Jesucristo, tu Hijo,

que nos libró del formulismo esclavo de la letra de la ley,

y estableció un nuevo orden religioso que une el amor a ti

y al hermano, primando la persona sobre la fría norma,

el amor sobre la ley, el corazón y lo interior sobre lo de afuera.

Danos, Señor, un corazón nuevo y generoso, limpio y recto,

incapaz de endurecerse en la falsa seguridad de un culto vacío.

Así recuperaremos la pureza original de nuestra imagen primera,

hecha a tu semejanza, tal como salió de tus manos creadoras.

y haz que la libertad interior que Cristo nos ganó.

estimule en nosotros una respuesta más fiel a tu amor.

Amén.