Por favor, mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor


Hermanos y hermanas en la fe: al cumplirse hoy el primer aniversario del tránsito a la Casa del Padre del Papa Francisco, su voz resuena con fuerza en esa invitación que nos dejó grabada: «Por favor, mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor». Que este mensaje, lejos de ser un simple recuerdo nostálgico, se convierta en el motor de nuestros hogares y de nuestra comunidad parroquial; porque la verdadera herencia del pastor que nos enseñó a salir a las periferias, a abrazar al caído y a construir una Iglesia de puertas abiertas, se hace carne cuando una familia elige la sonrisa en medio de la dificultad, cuando los esposos renuevan su paciencia con ternura y cuando los jóvenes descubren que la santidad no es aburrida, sino la plenitud de un corazón enamorado de Cristo. Frente a un mundo que a menudo se acostumbra a la tristeza y al individualismo, seamos nosotros, como Francisco nos pidió, esos testigos de la alegría que brota del encuentro con Jesús Resucitado; que el mejor homenaje que podemos ofrecer hoy no sea una palabra bonita, sino un compromiso real: vivamos de tal manera que, al mirar nuestros rostros, los demás puedan intuir que aquí hay un corazón joven, un corazón que —como el del querido Papa Francisco— ya ha encontrado al Señor y no quiere soltarlo jamás.
