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Arzobispo de Bogotá 32

Fernando Caycedo y Flórez

Fernando Caycedo y Flórez 

Arzobispo de Bogotá 32

Arzobispado de Bogotá en República de Colombia 21 mayo 1827 - 17 febrero 1832

Retrato  y escudo arzobispal. El retrato  en óleo sobre tela, por Pedro José Figueroa (1836-1838), forma parte del patrimonio artístico de la Arquidiócesis de Bogotá que se conserva en los espacios históricos de la Catedral Primada de Colombia y la Capilla del Sagrario. El escudo arzobispal corresponde a una reconstrucción heráldica digital realizada en 2026 por la Oficina Arquidiocesana de Gestión y Patrimonio Documental  a partir de las fuentes primarias conservadas en el Libro Becerro de la Catedral Primada de Colombia. Para su elaboración se tomaron como base los dibujos ejecutados entre las décadas de 1940 y 1960 por Bernardo Sanz de Santamaría, Canónigo Honorario de la Basílica Primada, desarrollados a partir de las investigaciones históricas de José Restrepo Posada y  las directrices impartidas por el Arzobispo Bernardo Herrera Restrepo para la recopilación y preservación de la memoria heráldica de los Arzobispos de Bogotá.

En las entrañas de Suita, donde las montañas de Santander besan el cielo, nació el 15 de julio de 1756 un hombre destinado a ser el puente entre dos mundos: el ocaso de la colonia y el amanecer de la República. Fernando José Enrique Caycedo y Flórez no fue solo un prelado; fue un símbolo de resiliencia, un constructor de catedrales y un mártir de la libertad cuya vida se lee como una novela de aventuras y fe.

El Crisol de la Sabiduría Heredero de linajes ilustres y cronistas de la historia, Caycedo vistió la beca blanca del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde el conocimiento se convirtió en su primera armadura. Allí, entre folios de Teología y Derecho, se forjó el doctor que más tarde regiría los destinos de esa misma institución como Rector, logrando hitos tan simbólicos como el traslado de las cenizas del fundador a la capilla del colegio. Su ascenso en la jerarquía eclesiástica fue constante, pero su verdadera pasión se manifestó en piedra y cal cuando, en 1807, asumió la dirección de la reconstrucción de la Catedral de Santafé. Junto al arquitecto capuchino Fray Domingo de Petrés, Caycedo se convirtió en el guardián de un sueño arquitectónico que desafiaría el tiempo.

Sin embargo, la historia tenía preparada una prueba de fuego. Al estallar la tormenta de la Independencia, Caycedo no se refugió en el silencio del coro; defendió con la pluma la inmunidad de la Iglesia y participó en el colegio electoral que proclamó la independencia absoluta de Cundinamarca en 1813. Esta valentía le costó caro. El 23 de mayo de 1816, bajo la sombra de la reconquista, el autodenominado "Pacificador" lo arrancó de su hogar a las nueve de la noche.

Su destierro fue una travesía por el mismo infierno. Camino al puerto, vivió uno de los momentos más conmovedores de su vida: una viuda pobre le entregó, a través de un esclavo, su único capital: "medio real para que compre un pan". Caycedo recibió la moneda con lágrimas, la besó y la guardó como el tesoro más sagrado de su existencia, enviándosela luego a su sobrina como recordatorio de la caridad suprema. En alta mar, la tragedia continuó: su barco fue asaltado por corsarios ingleses que le robaron hasta las hebillas de sus zapatos, y la navegación se tornó un suplicio de "galleta de munición" y "bacalao hediendo". En España, las cárceles de Cádiz y Sevilla casi le arrebatan la vista por las emanaciones salitrosas de los calabozos, pero no pudieron quebrar su espíritu.

El Regreso del Hijo Pródigo. La libertad llegó en 1820, y con ella un retorno épico. Tras ser robado nuevamente por corsarios en el Caribe, Caycedo pisó al fin las playas de Santa Marta en 1821. El viaje río arriba por el Magdalena fue una sinfonía de sensaciones: el canto de los bogas, el sol abrasador y la visión de los caimanes en las orillas le anunciaban que estaba de vuelta en el seno de la patria. Al llegar al alto de Los Robles, desde donde se divisa la sabana de Bogotá, el venerable anciano se bajó de su cabalgadura, se postró en tierra y la besó llorando de placer y reconocimiento ante la mirada conmovida de su comitiva.

La República naciente lo recibió con honores, pero también con desafíos monumentales. Como Vicario Capitular, tuvo que navegar las aguas turbulentas del "Patronato", la lucha del nuevo Estado por controlar los asuntos de la Iglesia. Fue un tiempo de escasez de sacerdotes, diezmados por la guerra, lo que lo impulsó a fundar el Colegio de Ordenandos de San José bajo el patrocinio del General Santander. Caycedo era un hombre de su tiempo: un patriota que celebraba las victorias de Bolívar en Ayacucho con Te Deums, pero también un pastor que prohibía libros heterodoxos de Bentham y Holbach para proteger lo que consideraba la moral de su rebaño.

El último suspiro del pastor: En 1827, el Papa León XII, rompiendo con las presiones de Madrid, lo preconizó como el primer Arzobispo de Bogotá en la era republicana. Su consagración en 1828 fue la culminación de una vida de sacrificio, realizada precisamente en la Catedral que él mismo había ayudado a levantar. No obstante, los últimos años fueron amargos. Los terremotos de 1826 y 1827 sacudieron la capital, derribando las cúpulas de su amada Catedral y destrozando el altar del Sagrario. Aquejado por la ceguera y el peso de los años, Caycedo confesaba con humildad que su avanzada edad era un embarazo para su dignidad.

Finalmente, el 17 de febrero de 1832, tras un paseo vespertino en coche, el hombre que sobrevivió a corsarios, prisiones y revoluciones, se sentó tranquilamente en su silla y entregó su alma a las siete y cuarto de la noche. Murió como "Fernando Arepo", apodo cariñoso que el pueblo le dio por su costumbre de abreviar su firma de Arzobispo. Sus cenizas, que hoy reposan en la Catedral, son el testimonio silencioso de un prócer que supo unir el incienso con la espada de la ley, dejando una huella imborrable en la piedra y en el alma de Colombia.

Resumen elaborado por la Oficina de Gestión y Patrimonio Documental Arquidiocesano, basado en el libro de Restrepo Posada, J. (1961). Arquidiócesis de Bogotá: datos biográficos de sus prelados (Tomo II: 1823-1868). Bogotá: Editorial Lumen Christi.

Escudo Fernando Caycedo y Flórez