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Arzobispo de Bogotá 46

Luis José  Rueda Aparicio

Luis José  Rueda Aparicio

Arzobispo de Bogotá 46

Arzobispado de Bogotá en República de Colombia 25 abril 2020, NUESTRO ACTUAL ARZOBISPO

Retrato  y escudo arzobispal.  El retrato, en óleo, ilustrado digitalmente a partir de la fotografia oficial de la Arquidiócesis. El escudo arzobispal corresponde a una reconstrucción heráldica digital realizada en 2026 por la Oficina Arquidiocesana de Gestión y Patrimonio Documental, elaborada a partir del escudo oficial del Cardenal, disponible en fuentes secundarias. La reconstrucción busca ofrecer una representación coherente de la identidad heráldica del prelado, en el marco de los criterios de documentación y preservación del patrimonio eclesiástico

La historia de la Iglesia de Bogotá ha estado marcada por hombres que, en distintos momentos, supieron interpretar los desafíos de su tiempo y responder a ellos con fe, inteligencia y espíritu de servicio. Entre esas figuras ocupa un lugar destacado el cardenal Luis José Rueda Aparicio, actual arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, cuyo ministerio se ha caracterizado por una profunda sensibilidad pastoral, una permanente cercanía a las comunidades y una firme convicción de que la Iglesia debe caminar junto a su pueblo, escuchando sus alegrías, compartiendo sus preocupaciones y anunciando el Evangelio con renovado ardor.

Nació el 3 de marzo de 1962 en San Gil, Santander, en el seno del hogar formado por Luis Emilio Rueda Joya y Socorro Aparicio Mejía. Fue el décimo de once hermanos y creció en un ambiente familiar marcado por la fe, el trabajo y la solidaridad. Aquellas experiencias sencillas de la vida cotidiana moldearon su carácter y sembraron en él una profunda sensibilidad hacia las necesidades de las personas, especialmente de quienes enfrentan mayores dificultades.

Realizó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal, obteniendo el título de Bachiller Técnico en Metalistería en el Colegio Nacional San José de Guanentá. Antes de ingresar al seminario conoció de cerca el valor del trabajo. Colaboró en labores de construcción junto a su padre, trabajó en diferentes oficios y prestó servicios en iniciativas comunitarias y de comunicación local. También se desempeñó en la fábrica Cementos Hércules S. A., experiencias que le permitieron comprender la realidad de muchas familias trabajadoras y fortalecer una visión pastoral profundamente humana.

En 1983 inició sus estudios de Filosofía en el Seminario Conciliar San Carlos de San Gil, y posteriormente cursó Teología en el Seminario Arquidiocesano de Bucaramanga. Su formación estuvo acompañada por una constante búsqueda intelectual que lo llevó a continuar estudios superiores en Roma. Entre 1992 y 1994 obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Academia Alfonsiana, una de las instituciones más prestigiosas de la Iglesia en este campo.

Recibió la ordenación sacerdotal el 23 de noviembre de 1989 y fue incardinado en la diócesis de Socorro y San Gil. Desde los primeros años de su ministerio se distinguió por su dedicación a las comunidades y por su interés en la formación de futuros sacerdotes. Fue párroco en Albania, Curití, Pinchote y Barichara; vicario parroquial en Mogotes y formador del seminario diocesano. Estas experiencias le permitieron conocer de cerca las realidades espirituales y sociales de la región y desarrollar un estilo pastoral basado en la cercanía, el acompañamiento y el servicio.

Su capacidad de liderazgo lo llevó posteriormente a desempeñar importantes responsabilidades dentro de la diócesis de Socorro y San Gil. Durante varios años ejerció como Vicario de Pastoral y Vicario Episcopal de San Gil, colaborando en la planificación pastoral, la formación de agentes evangelizadores y la coordinación de proyectos diocesanos. Su trabajo contribuyó al fortalecimiento de la vida eclesial y a la consolidación de procesos pastorales orientados a responder a los desafíos de la Iglesia contemporánea.

El 2 de febrero de 2012 el Papa Benedicto XVI lo nombró obispo de Montelíbano. Su ordenación episcopal tuvo lugar el 14 de abril de ese mismo año y la posesión canónica se realizó pocos días después. Allí inició una nueva etapa de servicio marcada por el acompañamiento cercano a las comunidades y la promoción de una Iglesia comprometida con la reconciliación, la dignidad humana y la construcción de la paz.

En 2018 el Papa Francisco lo designó arzobispo de Popayán. Su paso por esta histórica arquidiócesis estuvo caracterizado por un estilo sencillo, dialogante y cercano al pueblo de Dios. Sacerdotes, religiosos y laicos encontraron en él a un pastor dispuesto a escuchar, animar y caminar junto a las comunidades.
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El 25 de abril de 2020 fue nombrado arzobispo metropolitano de Bogotá y tomó posesión canónica el 11 de junio del mismo año. Su llegada a la sede primada coincidió con una época de profundas transformaciones sociales y pastorales. Desde el comienzo de su ministerio en la capital insistió en la necesidad de construir una Iglesia misionera, sinodal y abierta al diálogo, capaz de responder a los desafíos del mundo contemporáneo sin perder la riqueza de su tradición.

Su ministerio en Bogotá pronto adquirió una dimensión que trascendió los límites de la arquidiócesis. La experiencia acumulada durante años de servicio pastoral, formación sacerdotal y gobierno eclesial lo llevó a asumir responsabilidades de creciente relevancia dentro de la Iglesia colombiana y latinoamericana. Desde esos espacios ha contribuido a la reflexión sobre los grandes desafíos que enfrenta la evangelización en nuestro tiempo, promoviendo una Iglesia más cercana a las personas, más comprometida con la reconciliación y más atenta a las necesidades de quienes viven en situaciones de fragilidad o exclusión.

Su voz ha acompañado importantes procesos de discernimiento pastoral tanto en Colombia como en América Latina. Ha participado activamente en organismos eclesiales llamados a fortalecer la comunión entre las Iglesias particulares, fomentar la cooperación pastoral y promover una visión evangelizadora capaz de responder a los cambios culturales del siglo XXI. Esta presencia en diversos escenarios eclesiales no representa únicamente un reconocimiento personal, sino también una expresión de la importancia que la Iglesia colombiana continúa teniendo dentro de la vida de la Iglesia universal.

Un momento particularmente significativo llegó el 30 de septiembre de 2023, cuando el Papa Francisco lo creó cardenal de la Iglesia Católica. Este acontecimiento fortaleció los vínculos entre la sede primada de Colombia y la Iglesia universal, al tiempo que reconoció una trayectoria caracterizada por el servicio, la cercanía pastoral y el compromiso con la misión evangelizadora. Posteriormente, su participación en el cónclave de 2025 lo incorporó a uno de los acontecimientos más trascendentales de la vida de la Iglesia contemporánea, compartiendo junto a otros cardenales la responsabilidad de discernir el futuro de la comunidad católica en el mundo.

Hoy su ministerio continúa desarrollándose en una época marcada por profundas transformaciones sociales, culturales y espirituales. Como arzobispo de Bogotá y primado de Colombia impulsa una Iglesia que busca caminar junto a las familias, los jóvenes, los pobres y las comunidades, fortaleciendo espacios de encuentro, diálogo y participación. Su acción pastoral insiste en la necesidad de construir puentes allí donde existen divisiones, promover la cultura del cuidado y mantener viva la esperanza en medio de las incertidumbres del presente.


Bajo su liderazgo, la Arquidiócesis de Bogotá procura consolidarse como una Iglesia misionera, sinodal y abierta, capaz de anunciar el Evangelio en los nuevos escenarios de la sociedad contemporánea. La formación de discípulos misioneros, el fortalecimiento de las comunidades, la atención a los más vulnerables y la promoción de una cultura de fraternidad constituyen algunas de las prioridades que orientan su acción pastoral.
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A diferencia de muchos de sus predecesores, cuya obra pertenece ya al patrimonio de la historia, el legado del cardenal Luis José Rueda Aparicio continúa escribiéndose cada día. La Iglesia de Bogotá no contempla una obra concluida, sino un camino en desarrollo. En los procesos pastorales que anima, en los desafíos que afronta junto al pueblo de Dios y en la esperanza que procura sembrar en las nuevas generaciones, se perfila una Iglesia que mira al futuro con confianza, consciente de que la misión evangelizadora sigue siendo tan necesaria como en los tiempos de sus primeros pastores. Así, la historia del actual arzobispo permanece abierta, entre los retos del presente y las promesas del mañana, guiada por la certeza de permanecer siempre en el amor de Cristo.

Elaborado por la Oficina de Gestión y Patrimonio Documental Arquidiocesano, basado en información de la Arquidiócesis de Bogotá, Actualizado en junio de 2026.

Escudo Luis José  Rueda Aparicio