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10-sep.-jueves de la 23.ª semana del T. O.

El Evangelio es una novedad. Una novedad difícil de llevar adelante. Pero significa ir detrás de Jesús.

En esta mañana que hemos iniciado, te damos gracias y sentimos en nuestros corazones un ferviente deseo de hacer el bien, amar muchísimo más a los que amamos y procurar cumplir tu voluntad. 

Hoy nuevamente nos invitas a mirar tus caminos y tu pensamiento y no los nuestros. Por eso nos invitas a pensar que el amor no solamente se basa en simpatías. Tu amor es un amor de fe, no pone condiciones ni marca diferencias. Quien ama da más de lo que le piden y ama también a los “no-dignos-de-amor”, incluso a los enemigos. El verdadero amor no juzga ni condena, sino que está siempre listo para mostrar compasión y perdón. Cuando tenemos en cuenta todas estas implicaciones, seguramente debemos confesar con vergüenza que estamos muy lejos de este ideal que nos propones. ¿En qué medida somos nosotros con nuestras vidas, signo del amor de Dios? Sea la ocasión para pedirte que nos colmes con tu propio amor gratuito. Enséñanos a amar y a bendecir incluso a los que nos maltratan o maldicen. Danos la fortaleza para que nuestro amor no sea limitado. Modela nuestros corazones sin medida, como el tuyo, para que verdaderamente nos llamemos hijos del Padre celestial y hermanos tuyos.

Hoy recordemos al monje agustino san Nicolás de Tolentino, nacido en San Ángelo en 1245; que dormía solo tres o cuatro horas y vivía en constante oración, austero y riguroso, amable y sencillo, muy observante de la obediencia y el desapego de los bienes terrenales y pasaba mucho tiempo confesando sobre todo a los pobres y los enfermos hasta su muerte en 1305.

Bendecidos en tu amor y tu bondad, que hoy sea un buen día para PERDONAR, AMAR y SERVIR de manera generosa y misericordiosa. Amén. 

Un muy feliz y amoroso jueves vocacional para todos. 

Meditación del Papa

Es darse a sí mismo, dar el corazón, precisamente a los que no nos quieren, que nos hacen mal, a los enemigos. Esta es la novedad del Evangelio. Jesús nos muestra que no hay mérito en amar a quien nos ama, porque eso también lo hacen los pecadores. Los cristianos, sin embargo, estamos llamados a amar a nuestros enemigos. Hacer el bien y prestar sin esperar nada a cambio, sin intereses y la recompensa será grande. El Evangelio es una novedad. Una novedad difícil de llevar adelante. Pero significa ir detrás de Jesús. 

Y podríamos decir: '¡Pero, yo... yo no creo que sea capaz de hacerlo!' - 'Si no lo crees, es tu problema, pero el camino cristiano es este. Este es el camino que Jesús nos enseña.  '¿Y qué debo esperar?' Ir sobre el camino de Jesús, que es la misericordia; ser misericordiosos como el Padre es misericordioso. Solamente con un corazón misericordioso podremos hacer todo aquello que el Señor nos aconseja. Hasta el final. La vida cristiana no es una vida autorreferencial; es una vida que sale de sí misma para darse a los otros. Es un don, es amor, y el amor no vuelve sobre sí mismo, no es egoísta: se da. (Cf. papa Francisco, 11 de septiembre de 2014, en Santa Marta).

La vida cristiana no es una vida autorreferencial; es una vida que sale de sí misma para darse a los otros
Oración introductoria

Gracias, Señor, porque conoces mi debilidad y aun así me llamas a la santidad. Te suplico que mi oración me llene de confianza, no en mi esfuerzo o virtud, sino en tu inmensa misericordia, en tu compasión para conmigo y en tu gracia que hace que todo sea posible.

Señor, ayúdame a no defraudarte y a corresponderte buscando la perfección en mi amor, hoy más que ayer. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-10-de-septiembre-de-2026 

El amor a los enemigos es la gran sorpresa y novedad de Jesús. Supone un corte radical con relación al A. T. donde el odio al enemigo parece que era lo normal. (Salmo 35). Y podemos leer textos tan explícitos como éste: «El Señor tu Dios hará recaer todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre todos los que te hayan odiado o perseguido». (Dt 30, 7). En un tiempo de venganza incontrolada, la ley del talión supuso un avance al conceder infligir al prójimo el mismo mal que él había recibido, sin propasarse. «Ojo por ojo significa que, si te han arrancado un ojo, tú a ese enemigo le puedes dejar tuerto, pero no ciego». Jesús no sólo supera la ley del talión, sino que la rebasa. Al que te ha abofeteado en una mejilla, bastaría con no responderle de la misma manera; pero Jesús avanza y dice que le debes poner también la otra. Este comportamiento nos parece antinatural. ¿Por qué lo manda Jesús? Jesús ha ido por delante al perdonar a los que le estaban asesinando. Por otra parte, nos invita a hacerlo para ser nada más y nada menos que “hijos del Padre Dios, que es bueno también con los malos y pecadores”. Con todo, para que este mandamiento del amor al enemigo lo podamos cumplir no basta con saber que Dios es así de bueno y que Jesús nos ha dado ejemplo. Es necesario mantener una relación viva e íntima con Jesús y estar afectivamente rebasados por su gracia. “Los cristianos deben estar transformados en la totalidad por la persona de Jesús. En sus sentimientos: El amor sustituye al odio; en sus palabras: la bendición sustituye a la maldición; en sus acciones: la no violencia se impone a la violencia” (Casa de la Biblia). Y esto se hace de un modo connatural, sin estridencias, sin esfuerzos titánicos, sin brusquedad; al contrario, con mansedumbre y dulzura. Es lo que le ocurrió a Pablo. Y él mismo nos da su razón para obrar de esta manera: «Ya no soy yo el que vive. Es Cristo quien vive en mí». (Gal. 2, 20). Tenemos que adelantarnos a hacer el bien, para despertar en el corazón de los otros sentimientos de perdón, de entrega, de generosidad, paz y gozo; así nos vamos pareciendo al Padre del cielo y vamos formando en la tierra la familia de los hijos de Dios.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.