En el despertar de este lunes, te damos gracias por la vida, la salud y el bienestar con el que alegremente comenzamos nuestro caminar, contando con tu presencia y auxilio para poder realizar lo que nos encomiendas y pedimos tu auxilio para que todo lo que representará nuestras labores cuenten con tu santa bendición.
“¿Hacer el bien o hacer el mal?”, “¿Salvar o dejar morir?”. Una vez más, se hace presente la pelea entre el imperativo de la ley y la necesidad de hacer el bien a la persona que sufre. La escena se produce un sábado en la sinagoga. La parálisis de un hombre en su brazo derecho tiene la culpa. ¿Curarlo o no curarlo? La ley es terminante, dicen los fariseos; el hombre es lo primero, lo proclamas Tú.
En muchas ocasiones lo que justifica el egoísmo se disfraza de bueno, la injusticia, la desigualdad, el prejuicio, la marginación y tantos males que atentan contra la vida. Incluso se construye todo un entramado de leyes, costumbres y prácticas sobre eso supuestamente bueno. Señor, Tú pones en evidencia ese entramado perverso con una simplicidad radical y curas al hombre que tiene esta necesidad, porque tu misión es salvar, hacer el bien, posibilitar la vida y buscar nuestra felicidad. Haz que acerquemos más a Ti nuestros hermanos sin ponerles obstáculos.
En Ti confiamos, en tus manos nos ponemos y a tu corazón nos acogemos.
Un muy feliz y encantador inicio de semana.
PALABRA DEL PAPA
En el Evangelio del día, Jesús pregunta a los fariseos si es lícito o no sanar en sábado, pero no responden. Él, entonces, toma de la mano a un enfermo y lo sana. Los fariseos confrontados con la verdad callaban, pero luego chismorreaban por detrás... y trataban de hacerle caer.
Jesús reprende a esta gente que estaba tan apegada a la ley, que se había olvidado de la justicia e incluso negaba la ayuda a los padres ancianos con el pretexto de haber regalado todo al Templo. Pero ¿quién es más importante? ¿El cuarto mandamiento o el Templo?
Esta forma de vivir apegados a la ley les alejaba del amor y de la justicia. Cuidaban la ley, descuidaban la justicia. Cuidaban la ley, descuidaban el amor. Eran modelos: eran los modelos. Y Jesús para estas personas sólo encuentra una palabra: hipócritas. Por un lado, van por todo el mundo buscando partidarios. ¿Y luego? Cierran la puerta. Hombres de la cerrazón, hombres tan apegados a la ley, a la letra de la ley, no a la ley, porque la ley es amor; sino a la letra de la ley, que siempre cerraban las puertas de la esperanza, del amor, de la salvación... Hombres que sólo sabían cerrar. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 31 de octubre de 2014, en Santa Marta).
