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11-ago.- martes de la 19.ª semana del T. O.

la comunidad cristiana está llamada a acercarse a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables con discreción, delicadeza y perseverancia

Esperanzados e ilusionados en este nuestro segundo día de la semana, donde hemos podido reconocer el testimonio y amor en nuestros santos: santo Domingo de Guzmán, celebrado el sábado, ayer lunes a san Lorenzo, diácono y mártir. 

Hoy celebramos a santa Clara de Asís, nacida en 1194 en Asís, de familia rica noble y piadosa; a los 19 años se va de casa y se presenta a san Francisco, haciendo su entrega y consagración total al Señor. Cofundadora de la orden de las damas pobres. Luego, su madre Ortolana y su hermana Inés dejaron su riqueza en su casa y entraron al convento. Fue superiora del convento de San Damián por cuarenta años. Su vida de gran austeridad fue muy rica en obras de caridad y piedad. Murió el 11 de agosto de 1253 y fue canonizada dos años después. Todas estas vidas consagradas a ti nos permiten acercarnos en humildad, sencillez y confianza. Su entrega y predilección por los pobres y necesitados nos ayudan a recordar que la comunidad cristiana está llamada a acercarse a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables con discreción, delicadeza y perseverancia como lo hizo el Papa León XIV en la visita apostólica que realizó a España al hacerse presente en aquellos lugares donde se recibe a personas migrantes, al centro penitenciario de Brians o a residencias de personas en situación de sin hogar. 

Esta es una clave profundamente evangélica: no basta con admirar la pequeñez hay que defenderla, acompañarla, luchar por su dignidad y por sus derechos, por eso el Santo Padre quiso poner en el centro de su visita a España a las personas más vulnerables, porque quiso visibilizar la pequeñez para denunciar que también al vulnerable hay que dotarle de dignidad y derechos.

La oveja perdida de la parábola nos revela el corazón del Padre: ninguna vida es descartable, ninguna persona vale menos por estar herida, perdida o apartada. Hoy debemos aprender a poner en el centro de nuestras vidas, a aquellos a quienes tú miras con especial predilección. Gracias, Señor, porque nos permites ver con los ojos del corazón a nuestros hermanos en soledad, tristeza y pobreza. Santa Clara de Asís, y tanto santos que entregaron sus vidas gozosamente para estar con ellos y ayudarlos. Bendícenos en tu bondad y misericordia y danos un corazón generoso y desprendido para compartir con los demás. 

Un muy feliz y testimonial martes. Les pido por favor en este día que hagamos oración por aquellos hermanos que ya no están con nosotros porque ayer sufrieron el momento del terremoto. Veamos por estas familias que han quedado la intemperie, que han quedado sin nada. Que nuestro corazón se llene de generosidad no solo en la oración, sino también de forma material, en todo lo que podamos hacer por estos hermanos nuestros. Un abracito bien fraternal. Que el señor y la virgencita los acompañe y los favorezca en todo momento.

Palabra del Papa

Hay una relación entre Dios y nosotros pequeños: Dios, el grande y nosotros pequeños. Dios, cuando debe elegir a las personas, también a su pueblo, siempre elige a los pequeños. Dios elige a su pueblo porque es el más pequeño, tiene menos poder que los otros pueblos. Hay un diálogo entre Dios y la pequeña raza humana. También la Virgen María dijo: «El Señor ha mirado la humillación de su sierva». El Señor ve el corazón. El Señor elige según sus criterios y elige a los débiles y los humildes, para confundir a los poderosos de la tierra. Y siempre habrá un diálogo entre nuestra pequeñez y la grandeza del Señor (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de enero de 2014, en Santa Marta).

Dios, cuando debe elegir a las personas, también a su pueblo, siempre elige a los pequeños
Oración

Padre en tu infinita misericordia permíteme ser como niño, con esa sencillez de corazón. Volver a emocionarme con el día a día, contemplarte en la grandeza del cielo, en la mirada de la gente que amo, sorprenderme por el regalo de la vida al abrir los ojos en la mañana. Amén. 

Reflexión 

En el capítulo 18 de Mateo, llamado capítulo eclesial, el evangelista nos propone las condiciones necesarias para toda comunidad cristiana. Y Jesús nos dice que lo primero para entrar en el reino de los cielos es hacerse niño. ¿Qué cualidades observamos en el niño?

1. Mientras es niño vive en una gozosa dependencia del papá. Ser cristiano es disfrutar de tener a un Dios que es mi Abba, mi papá.

2. El niño no tiene pasado. Y, por lo tanto, no tiene prejuicios: todos son sus tatos, sus familiares. Recibe todo lo que le dan: un caramelo, un juguete, y también sabe recibir un beso de un desconocido. El niño se deja querer.

3. El niño va descubriendo todo y se deja sorprender. Y ser cristianos es dejarse sorprender por Dios.

4. Él tiene un futuro por delante, desea hacer un año más, vive impulsado por una ley, la ley del crecimiento. En nuestra vida espiritual nunca hay que decir: ¡basta! La muerte nos tiene que sorprender ¡vivos!

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.