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12-ago.- miércoles de la 19.ª semana del T. O.

Si traes tu ofrenda al altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano

Suena nuestro reloj despertador que nos anuncia la hora de levantarnos, de contemplar tu amor que nos regala otro día más de vida para vivirla y compartirla. Hoy somos conscientes de lo que tú nos pedirás en este día: que te amemos de corazón y sirvamos con generosidad y desinteresadamente. 

Ahora, Señor, disponemos nuestro corazón y nuestra mente para escuchar tu palabra, que es amorosa, misericordiosa y reconciliadora. Hoy nos invitas a tener sentimientos, primero que todo, en el consejo sincero y oportuno hacia nuestro hermano, que de pronto no está haciendo las cosas según tu voluntad. Es necesario que haya una verdadera corrección amorosa. 

Para que esta corrección fraterna y amorosa tenga efecto en el corazón del otro; se debe hacer en oración e iluminada por el Espíritu. Señor, no es fácil que mi hermano acepte la corrección fraterna o viva el don del perdón. Tu palabra me muestra en este día una vez más el camino necesario para llegar a perdonar y hacer perdonar. Acoge nuestra fragilidad e imprime en nosotros tu misericordia. Ayúdanos a tomar distancia del resentimiento y sanar las heridas que muchas veces nos arrebata la paz.  Inspíranos, Señor, en tus mismas palabras y en tu promesa: «donde dos o tres están reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos». Te alabamos bendecimos y te glorificamos. Que seamos capaces de perdonar de corazón y con el corazón. Perdonemos para ser perdonados; corrijamos para ser corregidos. Amén. 

Un muy feliz y santo martes, de reconciliación y perdón. 

Palabra del papa Francisco: Oración con los cinco dedos

1. El dedo pulgar es el que está más cerca de ti. Así que comienza orando por aquéllos que están más unidos a ti. Son los más fáciles de recordar. Orar por los que amamos es «una dulce tarea.»

2. El próximo dedo es el índice: Ora por los que enseñan, instruyen y curan. Ellos necesitan apoyo y sabiduría al conducir a otros por la dirección correcta. Mantenlos en tus oraciones.

3. El siguiente dedo es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes, a los gobernantes, a quienes tienen autoridad. Ellos necesitan la dirección divina.

4. El próximo dedo es el del anillo. Sorprendentemente, éste es nuestro dedo más débil. Él nos recuerda orar por los débiles, enfermos o atormentados por problemas. Ellos necesitan tus oraciones.

5. Y finalmente tenemos nuestro dedo pequeño, el más pequeño de todos. El meñique debería recordarte orar por ti mismo. Cuando hayas terminado de orar por los primeros cuatro grupos, tus propias necesidades aparecerán en una perspectiva correcta y estarás preparado para orar por ti mismo de una manera más efectiva.  

Los primeros cristianos rezaban juntos y tenían «un solo corazón y una sola alma, ponían los bienes en común
ORACIÓN 

Señor, te doy gracias por tu gran generosidad frente a nuestra flaqueza. Tú sabías lo difícil que es para nosotros la “convivencia”. Por eso nos dejaste tu presencia a la hora de rezar juntos. “Yo estoy en medio”. Si Tú estás en medio de nosotros, nuestra oración será auténtica. No nos limitaremos a estar juntos físicamente, sino que trataremos de vivir unidos y expresar nuestra unión a través de la oración. Amén. 

Meditación

Hoy nos invitas a rezar en común. Si Tú estás ahí en medio de nosotros, no te podemos engañar. Rezar en común no es simplemente estar físicamente juntos en un mismo lugar y tener el corazón lejos de los hermanos. Los primeros cristianos rezaban juntos y tenían «un solo corazón y una sola alma, ponían los bienes en común, estaban alegres, no había entre ellos ninguna necesidad». Una oración en común nos compromete a estar no sólo juntos sino unidos por dentro. Y ésta es la oración que agrada al Padre. Lo decía muy bien san Ignacio de Antioquía, camino del martirio: “Vosotros estáis unidos al Obispo como las cuerdas a la lira. Este es el himno que agrada al Padre”

La Iglesia del Vaticano II ha restaurado el gesto hermoso de la paz. Se da antes de la Comunión y nos recuerda que, antes de entrar en comunión con Dios, debemos entrar en comunión con los hermanos. De lo contrario haremos una “masticación” pero no una comunión. Esto es tan importante que el mismo Señor nos dice: «Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda». (Mt 5, 23-24) El texto hila fino. No dice: “si tú tienes algo contra tu hermano”, sino «si tu hermano tiene algo contra ti». No podemos pasar a comulgar si no hemos intentado antes reconciliarnos con el hermano.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.