Suena nuestro reloj despertador que nos anuncia la hora de levantarnos, de contemplar tu amor que nos regala otro día más de vida para vivirla y compartirla. Hoy somos conscientes de lo que tú nos pedirás en este día: que te amemos de corazón y sirvamos con generosidad y desinteresadamente.
Ahora, Señor, disponemos nuestro corazón y nuestra mente para escuchar tu palabra, que es amorosa, misericordiosa y reconciliadora. Hoy nos invitas a tener sentimientos, primero que todo, en el consejo sincero y oportuno hacia nuestro hermano, que de pronto no está haciendo las cosas según tu voluntad. Es necesario que haya una verdadera corrección amorosa.
Para que esta corrección fraterna y amorosa tenga efecto en el corazón del otro; se debe hacer en oración e iluminada por el Espíritu. Señor, no es fácil que mi hermano acepte la corrección fraterna o viva el don del perdón. Tu palabra me muestra en este día una vez más el camino necesario para llegar a perdonar y hacer perdonar. Acoge nuestra fragilidad e imprime en nosotros tu misericordia. Ayúdanos a tomar distancia del resentimiento y sanar las heridas que muchas veces nos arrebata la paz. Inspíranos, Señor, en tus mismas palabras y en tu promesa: «donde dos o tres están reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos». Te alabamos bendecimos y te glorificamos. Que seamos capaces de perdonar de corazón y con el corazón. Perdonemos para ser perdonados; corrijamos para ser corregidos. Amén.
Un muy feliz y santo martes, de reconciliación y perdón.
Palabra del papa Francisco: Oración con los cinco dedos
1. El dedo pulgar es el que está más cerca de ti. Así que comienza orando por aquéllos que están más unidos a ti. Son los más fáciles de recordar. Orar por los que amamos es «una dulce tarea.»
2. El próximo dedo es el índice: Ora por los que enseñan, instruyen y curan. Ellos necesitan apoyo y sabiduría al conducir a otros por la dirección correcta. Mantenlos en tus oraciones.
3. El siguiente dedo es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes, a los gobernantes, a quienes tienen autoridad. Ellos necesitan la dirección divina.
4. El próximo dedo es el del anillo. Sorprendentemente, éste es nuestro dedo más débil. Él nos recuerda orar por los débiles, enfermos o atormentados por problemas. Ellos necesitan tus oraciones.
5. Y finalmente tenemos nuestro dedo pequeño, el más pequeño de todos. El meñique debería recordarte orar por ti mismo. Cuando hayas terminado de orar por los primeros cuatro grupos, tus propias necesidades aparecerán en una perspectiva correcta y estarás preparado para orar por ti mismo de una manera más efectiva.
