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12-mar.-2026, jueves de la 3.ª semana de Cuaresma

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Hay que saber discernir las situaciones: es decir, lo que viene de Dios y lo que viene del maligno que siempre trata de engañar, de hacernos elegir un camino equivocado

Hermoso despertar el que nos regalas, que nos invita a darte gracias no sólo de palabra, sino con las buenas acciones que podremos realizar hoy y las palabras que podemos llevar. Todo por tu bondad y gratuidad. 

Hoy nos invitas a seguirte, a ser testigos de tu amor, anunciar tu Reino, a escuchar tu voz y ver en nuestra vida signos que nos muestran tu presencia tales como: manos y miradas que nos envuelven en su ternura, corazones compasivos que te levantan de tu dolor, la vida se traduce en la caridad desprendida que dona momentos de verdadera fraternidad y acogida, el hermano en soledad y tristeza que es levantado, el enfermo consolado en su dolor, el anciano es acompañado por rostros amorosos. 

A través de estas acciones anunciamos tu Reino, que habitas en nosotros, los momentos creadores de una verdadera esperanza. Danos la gracia de tu amor y permite que seamos aquellos discípulos que “recogemos antes que desparramar”. Ojalá escuchemos tu voz y la proclamemos a los demás. Que sea un día pleno de tu amor y de alegrías para nosotros. 

Palabra del Papa

Hay que saber discernir las situaciones: es decir, lo que viene de Dios y lo que viene del maligno que siempre trata de engañar, de hacernos elegir un camino equivocado. El cristiano no puede estar tranquilo con que todo va bien, debe discernir las cosas y mirar bien de dónde vienen y cuál es su raíz. En un camino de fe las tentaciones vuelven siempre, el mal espíritu no se cansa nunca. Cuando el demonio ha sido expulsado tiene paciencia, espera para volver y si lo dejas entrar se cae en una situación peor. De hecho, antes se sabía que era el demonio que atormentaba. Después, el Maligno se ha escondido, viene con sus amigos muy educados, llama a la puerta, pide permiso, entra y convive con el hombre, su vida cotidiana y, juega y juega, da las instrucciones. Con esta modalidad educada el diablo convence para hacer las cosas con relativismo, al tranquilizar la conciencia. Anestesiar la conciencia. Y esto es un gran mal. Cuando el mal espíritu consigue anestesiar la conciencia, se puede hablar de una verdadera victoria suya, se convierte en propietario de esa conciencia. (cf. Homilía de S.S. Francisco, 9 de octubre de 2015, en Santa Marta).

ORACIÓN 

Sí Señor, quiero sentir el dedo de Dios sobre mí, sentir esa paz que solo tú sabes dar; quiero orar y decirte que te necesito, que soy un humano que es débil ante tantos demonios, ante los pecados, las tentaciones, ante los problemas. Tú me fortaleces en oración y me guías en lo que hago y digo, te necesito a cada momento, mi Señor, porque solo contigo puedo llegar al Reino de Dios. Amén. 

REFLEXIÓN Lectio Divina: 12 de marzo de 2026

Dios es comunión, diálogo, apertura. Y nosotros estamos hechos a imagen de ese Dios. Por eso necesitamos comunicarnos con los demás. Al demonio que más debemos temer es al demonio “mudo” al que rompe nuestro diálogo, nuestra comunicación. Y este demonio existe ahora más que nunca, precisamente en la época en que las noticias las recibimos al instante, como pan caliente salido del horno. Es verdad que estamos bien informados, pero ¿estamos mejor comunicados? Todos llevamos en nuestros bolsillos un móvil que casi se nos hace imprescindible. Tenemos una comunicación “digital” de dedos, de piel, es decir, superficial, meramente tangencial. Pero nos falta esa comunicación profunda, de corazón a corazón. En la época de la información se nos ha colado el “demonio de la incomunicación”. En una reunión familiar en torno a una mesa, es posible que, durante la comida, cada uno se comunique con personas que están fuera. Y uno se pregunta: ¿para eso nos hemos reunido? Y si esto nos pasa a nivel humano, ¿qué diremos de nuestra comunicación con Dios? Es necesario que hoy Jesús nos libere de ese demonio y podamos disfrutar de una gozosa y gratificante conversación con Dios y con los hermanos.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.