Bendecidos en tu amor, damos gracias por la luz de un nuevo día y proclamamos la grandeza de tu amor. Hoy te decimos que queremos permanecer unidos a ti y dar testimonio de Dios a través de la unidad que nos concede el Espíritu Santo.
Toma nuestras manos para tomar las de nuestros hermanos, toma nuestros pies para ir al encuentro de quien está sólo y desamparado, toma nuestra boca y pon palabras de esperanza, toma nuestros ojos para poder ver la necesidad del otro y toma nuestros corazones para poder amar como tú nos amas.
Tú deseas contar con nosotros para continuar tu obra. No importa que tengamos límites. Conoces nuestra fragilidad y eso te mueve a orar al Padre por nosotros. Tienes la certeza de que nuestra salvación se realiza a través de la unidad en el amor que existe entre el Padre y tú. La decisión de anunciarte es la respuesta a tu entrega amorosa, que llena nuestra vida de confianza y esperanza por un mañana mejor.
Gracias, Señor, por tu bondad y tu ternura. Danos la gracia de poder realizar hoy nuestra vida según tu voluntad y, ante todo, que seamos uno, como tú y el Padre.
Un muy unido jueves vocacional, de disponibilidad y unidad.
Las palabras de los Papas
El Señor quiere que, para unirnos, no nos agreguemos a una masa indistinta como un bloque anónimo, sino que seamos uno: «Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros» (v. 21). La unidad por la que Jesús ora es, por tanto, una comunión fundada en el mismo amor con que Dios ama, de donde provienen la vida y la salvación. Y como tal, es ante todo un don que Jesús trae consigo. Es, desde su corazón humano, que el Hijo de Dios se dirige al Padre diciendo: «Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste» (v. 23). Escuchamos con conmoción estas palabras: Jesús nos está revelando que Dios nos ama como se ama a sí mismo. El Padre no nos ama menos que a su Hijo unigénito, o sea de manera infinita. Dios no ama menos, porque ama antes de nada, ¡ama antes que nadie! Así lo atestigua Cristo cuando dice al Padre: «Ya me amabas antes de la creación del mundo» (v. 24). Y es así: en su misericordia, Dios desde siempre quiere acoger a todos los hombres en su abrazo; y es su vida, la que se nos entrega por medio de Cristo, la que nos hace uno, la que nos une entre nosotros. (León XIV - Homilía en la Santa Misa con motivo del Jubileo de las Familias, los Abuelos y los Ancianos, 1 de junio de 2025)
