Pasar al contenido principal

21-may.-2026, jueves de la 7.ª semana de Pascua 

Jesús nos está revelando que Dios nos ama como se ama a sí mismo. El Padre no nos ama menos que a su Hijo unigénito [...]. Dios no ama menos, [...] ¡ama antes que nadie!

Bendecidos en tu amor, damos gracias por la luz de un nuevo día y proclamamos la grandeza de tu amor. Hoy te decimos que queremos permanecer unidos a ti y dar testimonio de Dios a través de la unidad que nos concede el Espíritu Santo. 

Toma nuestras manos para tomar las de nuestros hermanos, toma nuestros pies para ir al encuentro de quien está sólo y desamparado, toma nuestra boca y pon palabras de esperanza, toma nuestros ojos para poder ver la necesidad del otro y toma nuestros corazones para poder amar como tú nos amas. 

Tú deseas contar con nosotros para continuar tu obra. No importa que tengamos límites. Conoces nuestra fragilidad y eso te mueve a orar al Padre por nosotros. Tienes la certeza de que nuestra salvación se realiza a través de la unidad en el amor que existe entre el Padre y tú. La decisión de anunciarte es la respuesta a tu entrega amorosa, que llena nuestra vida de confianza y esperanza por un mañana mejor. 

Gracias, Señor, por tu bondad y tu ternura. Danos la gracia de poder realizar hoy nuestra vida según tu voluntad y, ante todo, que seamos uno, como tú y el Padre

Un muy unido jueves vocacional, de disponibilidad y unidad. 

Las palabras de los Papas

El Señor quiere que, para unirnos, no nos agreguemos a una masa indistinta como un bloque anónimo, sino que seamos uno: «Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros» (v. 21). La unidad por la que Jesús ora es, por tanto, una comunión fundada en el mismo amor con que Dios ama, de donde provienen la vida y la salvación. Y como tal, es ante todo un don que Jesús trae consigo. Es, desde su corazón humano, que el Hijo de Dios se dirige al Padre diciendo: «Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste» (v. 23). Escuchamos con conmoción estas palabras: Jesús nos está revelando que Dios nos ama como se ama a sí mismo. El Padre no nos ama menos que a su Hijo unigénito, o sea de manera infinita. Dios no ama menos, porque ama antes de nada, ¡ama antes que nadie! Así lo atestigua Cristo cuando dice al Padre: «Ya me amabas antes de la creación del mundo» (v. 24). Y es así: en su misericordia, Dios desde siempre quiere acoger a todos los hombres en su abrazo; y es su vida, la que se nos entrega por medio de Cristo, la que nos hace uno, la que nos une entre nosotros. (León XIV - Homilía en la Santa Misa con motivo del Jubileo de las Familias, los Abuelos y los Ancianos, 1 de junio de 2025)

Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos y yo en ellos
ORACIÓN 

Jesús, hoy contemplo tu corazón elevando una súplica llena de amor por todos aquellos que creerán en Ti. Me conmueve saber que, aun antes de mis luchas y de mis días difíciles, ya pensabas en mí y me llevabas dentro de tu corazón. Gracias porque no me llamas a vivir encerrado en mis propias heridas, sino a formar parte de una familia unida por tu gracia. Amén. (Qriswell Quero)

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-21-de-mayo-de-2026

Las palabras del evangelio de hoy son escalofriantes, sublimes, estremecedoras. Jesús ha pedido al Padre que caigamos en la cuenta del amor que el Padre nos tiene. Y este amor es tan inefable que es el mismo con que el Padre ama a Jesús. Personalmente me parece que, además de todos los pecados que tenemos, el gran pecado es que pasamos la vida “sin enterarnos de todo lo que el Padre nos ama”. Y esto trae serias consecuencias: si no arrancamos de esta raíz, no podemos amarnos como hermanos, no podemos tener unidad entre nosotros y, lo que es más grave, nos quedamos sin argumentos convincentes a la hora de expresar nuestra verdadera fe al mundo. Si los cristianos no estamos unidos, no sólo no revelamos, sino que “velamos”, “ocultamos”, “desfiguramos” el verdadero rostro de Dios. Jesús es realista y sabe que la unidad entre nosotros es difícil, más aún, es imposible sin la ayuda del Señor. Por eso Jesús ha rezado al Padre para que esto se pueda cumplir.  Cuando el mismo amor de Dios «manifestado a través de su Espíritu» venga a nosotros e inunde nuestros corazones, podremos convertir “el desierto en vergel”, “la tierra en cielo”, y “el infierno en paraíso”.  Es el milagro del amor. Enseñar a ser queridos y a querer, esa es la gran enseñanza de Jesús.

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh, Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones. ¡Oh, Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.