Qué bella lección de amor nos regalas, Señor, en el que quizá fue tu último diálogo con Pedro. El centro de todo es tu amor. Tu pregunta, insistente por el amor de Pedro, suena como un bálsamo en la herida de su infidelidad. Tú no le reprochas por haberte negado, sino que le das la oportunidad de expresar su amor. Con cada respuesta dada por Pedro —«sí, Señor, tú sabes que te quiero»— él parece ir sanando, poco a poco, cada una de las tres heridas de negación. Su respuesta le rehabilita y suscita una respuesta proporcional a la misericordia. Ojalá cada momento nuestra respuesta fuera la de Pedro: «Sí, Señor, tú sabes que te amo». Nuestra respuesta no la damos con palabras, sino con obras de amor, generosidad y bondad. Danos la fuerza de tu Espíritu para que nos guíe y sepamos guiar a nuestros hermanos hacia fuentes tranquilas y abundantes pastos de esperanza, con palabras de bondad, ternura y sinceridad. A ti te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Guárdanos, guíanos y protégenos. Amén.
Bendecido y amoroso viernes para todos.
Las palabras de los Papas
La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: «Simón..., ¿me amas» (agapâs-me) con este amor total e incondicional? (cf. Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el Apóstol ciertamente habría dicho: «Te amo (agapô-se) incondicionalmente». Ahora, que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad y el drama de su propia debilidad, dice con humildad: «Señor, te quiero (filô-se)», es decir, "te amo con mi pobre amor humano". Cristo insiste: «Simón, ¿me amas con este amor total que yo quiero?». Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: «Kyrie, filô-se», «Señor, te quiero como sé querer». La tercera vez, Jesús sólo dice a Simón: «Fileîs-me?», «¿me quieres?». Simón comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo se entristece porque el Señor se lo ha tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se)». Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptara a Jesús. Precisamente esta adaptación divina da esperanza al discípulo que ha experimentado el sufrimiento de la infidelidad. De aquí nace la confianza, que lo hace capaz de seguirlo hasta el final (…) Pedro llegó a fiarse de ese Jesús que se adaptó a su pobre capacidad de amor. Y así también a nosotros nos muestra el camino, a pesar de toda nuestra debilidad. Sabemos que Jesús se adapta a nuestra debilidad. (Benedicto XVI - Audiencia general, 24 de mayo de 2006)
ORACIÓN
Señor, el tema de mi oración en este día, basado en tu evangelio, me llena de satisfacción porque es tu tema, tu gran tema, el tema del amor. Y yo quiero darte gracias porque has puesto el amor como fundamento del cristianismo. A pesar de ser un tema muy exigente, es lo más esencial en la vida. En un momento nos puede faltar el pan y el agua; el vino y la sal; la ropa y la vivienda; pero si tenemos amor, podemos salir adelante. Pero si nos falta el amor nos falta todo. Amén.
