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22-may.-2026, viernes de la 7.ª semana de Pascua 

Pedro llegó a fiarse de ese Jesús que se adaptó a su pobre capacidad de amor. [...] Sabemos que Jesús se adapta a nuestra debilidad.

Qué bella lección de amor nos regalas, Señor, en el que quizá fue tu último diálogo con Pedro. El centro de todo es tu amor. Tu pregunta, insistente por el amor de Pedro, suena como un bálsamo en la herida de su infidelidad. Tú no le reprochas por haberte negado, sino que le das la oportunidad de expresar su amor. Con cada respuesta dada por Pedro —«sí, Señor, tú sabes que te quiero»— él parece ir sanando, poco a poco, cada una de las tres heridas de negación. Su respuesta le rehabilita y suscita una respuesta proporcional a la misericordia. Ojalá cada momento nuestra respuesta fuera la de Pedro: «Sí, Señor, tú sabes que te amo». Nuestra respuesta no la damos con palabras, sino con obras de amor, generosidad y bondad. Danos la fuerza de tu Espíritu para que nos guíe y sepamos guiar a nuestros hermanos hacia fuentes tranquilas y abundantes pastos de esperanza, con palabras de bondad, ternura y sinceridad. A ti te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Guárdanos, guíanos y protégenos. Amén. 

Bendecido y amoroso viernes para todos. 

Las palabras de los Papas

La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: «Simón..., ¿me amas» (agapâs-me) con este amor total e incondicional? (cf. Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el Apóstol ciertamente habría dicho: «Te amo (agapô-se) incondicionalmente». Ahora, que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad y el drama de su propia debilidad, dice con humildad: «Señor, te quiero (filô-se)», es decir, "te amo con mi pobre amor humano". Cristo insiste: «Simón, ¿me amas con este amor total que yo quiero?». Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: «Kyrie, filô-se», «Señor, te quiero como sé querer». La tercera vez, Jesús sólo dice a Simón: «Fileîs-me?», «¿me quieres?». Simón comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo se entristece porque el Señor se lo ha tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se)». Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptara a Jesús. Precisamente esta adaptación divina da esperanza al discípulo que ha experimentado el sufrimiento de la infidelidad. De aquí nace la confianza, que lo hace capaz de seguirlo hasta el final (…) Pedro llegó a fiarse de ese Jesús que se adaptó a su pobre capacidad de amor. Y así también a nosotros nos muestra el camino, a pesar de toda nuestra debilidad. Sabemos que Jesús se adapta a nuestra debilidad.  (Benedicto XVI - Audiencia general, 24 de mayo de 2006)

ORACIÓN 

Señor, el tema de mi oración en este día, basado en tu evangelio, me llena de satisfacción porque es tu tema, tu gran tema, el tema del amor. Y yo quiero darte gracias porque has puesto el amor como fundamento del cristianismo. A pesar de ser un tema muy exigente, es lo más esencial en la vida. En un momento nos puede faltar el pan y el agua; el vino y la sal; la ropa y la vivienda; pero si tenemos amor, podemos salir adelante. Pero si nos falta el amor nos falta todo. Amén. 

Señor, te quiero (filô-se), es decir, te amo con mi pobre amor humano [...] Señor, te quiero como sé querer
ORACIÓN PARA PEDIR LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO 

Oh, Espíritu Santo, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. 

Haz que, con el don de Sabiduría, yo sepa tener gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.

Que, con el don del Entendimiento, sepa ver la importancia y la belleza de la fe y de la verdad cristiana.

Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.

Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.

Que, con el don de Ciencia, sepa discernir claramente entre el bien y el mal, entre lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.

Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.

Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.

Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el motor de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor. Amén.

Reflexión (Cf. https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-22-de-mayo-de-2026)

El evangelio de hoy […] me fascina y, al mismo tiempo, me entristece. Me fascina y emociona que sea el mismo Jesús el que me pregunte personalmente: ¿Me amas? Yo creo que soy sincero cuando le digo que sí, como lo era san Pedro. Y esto me produce alegría. Pero me entristece […] que me lo pregunte “por tercera vez,” porque me hace recordar que “por tres veces y más de tres” yo no le he sido fiel. Y no es que yo crea que Dios quiere que recuerde mi pasado para humillarme y caminar por la vida con complejo de culpabilidad. ¡Lejos de mí pensar tal cosa de Jesús! Pero, como Pedro, lamento el haber disgustado a un Dios tan bueno y cariñoso […]. 

Lo que Jesús exige al primer Papa no es que haga doctorado en teología en las escuelas bíblicas de Jerusalén, ni que aprenda lenguas o ciencias profanas. Lo que le exige es una triple confesión de amor y humildad [para borrar] su altanería y su soberbia del pasado, cuando afirmó: «Aunque todos te nieguen, yo no». Sólo después de esta triple profesión de amor humilde, Pedro está preparado para su misión de pastorear sus ovejas. Entonces ya estará capacitado para dar a sus ovejas “hierba tierna” que [las] lleve a comprender la ternura de Dios; “agua fresca”, para que la Palabra de Dios nunca se haga vieja, sino que mantenga siempre su “novedad”; y, sobre todo, “compañía del Pastor”, que evite la zozobra y el azoramiento cuando “llega la noche” y las ovejas tengan que atravesar las “cañadas oscuras”.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.