Último fin de semana de este maravilloso mes que nos has regalado, donde hemos encontrado momentos de felicidad, de alegría, de ternura, de risas y encantos puros. Hemos celebrado este mes el Día del amor y la amistad, acercándonos en gratitud y fidelidad a nuestros amigos y familiares. Gracias por ser parte de nuestras vidas. Los mínimos momentos de agobio, incertidumbre y des consuelo, no opacan lo vivido y compartido.
En tu palabra y en las diferentes lecturas compartidas hemos encontrado el valor de la vida, la gratitud y la riqueza espiritual, especialmente en el libro del Eclesiastés. Tus palabras nos han llevado por el camino de la esperanza y de la fe. Nos enviaste como verdaderos discípulos, y que no lleváramos nada más que tu presencia. En este día llevamos la memoria de los santos mártires Cosme y Damián, que, según la tradición ejercieron la medicina en Siria, sanaron a muchos con sus servicios gratuitos y fueron llevados al martirio en Quirós. Sufrieron por la persecución de Diocleciano. A comienzos del siglo IV fueron condenados a la lapidación. Las piedras saltaban contra los perseguidores y herían a muchos de sus verdugos; recurrieron entonces a la espada para la decapitación, honor reservado a los ciudadanos romanos y así dieron testimonio de Cristo junto con otros hermanos.
Un muy feliz y testimonial fin de semana.
Palabra del Papa
«El Hijo del hombre va a ser entregado a las manos de los hombres». Estas palabras de Jesús congelan a los discípulos que pensaban en un camino triunfal. Palabras que se mantenían misteriosas para ellos porque no entendían el sentido y tenían miedo de interrogarlo sobre este argumento. Tenían miedo de la cruz. Pero no solo los discípulos, no solo Pedro. En verdad, también Jesús le tenía miedo; pero Él no podía engañarse. Él sabía. Y era tanto el miedo que esa tarde del jueves sudó sangre». Incluso le pidió a Dios: «Padre aleja de mí este cáliz»; pero, agregó, «que se cumpla tu voluntad». Y esta es la diferencia. (…) debemos pedir la gracia de no huir de la cruz cuando llegue. (…) Muy cerca de Jesús, en la cruz, estaba su madre. Tal vez hoy, el día en el que la invocamos, será bueno pedirle la gracia de que no se nos quite el temor, porque eso debe estar presente. Pidámosle la gracia de no huir de la cruz. Ella estaba allí y sabe cómo se debe estar cerca de la cruz (papa Francisco, homilía en Santa Marta, 28 de septiembre de 2013).
