Hoy te damos gracias por tu amor, tu bondad y misericordia, por este nuevo día en el que esperamos vivir de acuerdo con tu voluntad y al gran amor que nos regalas. Gracias, Señor, por esa palabra que nos impulsa a seguir creyendo y esperando en ti. Ayúdanos a comprender que nuestra oración no sea poética y gustosa, sino como la tuya en el Huerto de Getsemani: angustiada, gritada y en medio de lágrimas, porque Dios no es sordo a nuestras súplicas. Él nos escucha y está cerca de nosotros. Danos la fortaleza de Espíritu para que te amemos con el amor que esperas de nosotros: amor de fe, de esperanza y caridad; de consuelo, fraternidad y solidaridad. Que te amemos con todas las fuerzas de nuestro corazón y a nuestros hermanos de la misma manera. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén.
Un muy amoroso, servicial y confiado jueves vocacional.
Palabra del Papa
Para conocer a Dios nuestro intelecto, la razón, es insuficiente. Dios se conoce totalmente en el encuentro con Él, y para el encuentro la razón no basta. Hace falta algo más: ¡Dios es amor! Y sólo por el camino del amor puedes conocer a Dios. Amor razonable, acompañado de la razón. ¡Pero amor! ‘¿Pero ¿cómo puedo amar lo que no conozco?’; ‘Ama a los que tienes cerca’. Y esta es la doctrina de los dos mandamientos: El más importante es amar a Dios, porque Él es amor; Pero el segundo es amar al prójimo, pero para llegar al primero debemos subir los escalones del segundo: es decir, a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios, que es amor. Sólo amando razonablemente, pero amando, podemos llegar a este amor. Es por eso por lo que debemos amarnos los unos a los otros, porque el amor es de Dios y quien ama ha sido engendrado por Dios. Para conocer a Dios hay que amar. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 8 de enero de 2015, en Santa Marta).
