Alegre y bendecido despertar en este primer día de nuestro mes en el que tenemos que dar gracias porque nos despiertas en alegría y optimismo. Ponemos en tus manos nuestros trabajos y las labores de cada día para que sean bendecidos en tu amor y en tu bondad.
Al vivir nuestra fe como la vivió Abraham tenemos la seguridad de que cuanto haremos de palabra y de obra nos ayudará a crecer espiritualmente y a seguir confiando en ti. Ayúdanos, Señor a subir al monte alto para tener la misma experiencia de Transfiguración que tuviste tú. En alegría y felicidad vamos recorriendo el camino de nuestra Cuaresma y nos encontramos con estos bellos momentos para compartirlos y vivirlos y expresar, como lo hizo tu apóstol Pedro, un sentimiento de seguridad y confianza hacia ti: «Qué bueno es que estemos aquí». No podemos quedarnos, porque lo que tú mismo nos dice, es necesario que bajemos. Ahora nuestros sentimientos no son de quedarnos estáticos, sino que vamos afrontando el camino de sacrificio para morir al hombre viejo y resucitar en el hombre nuevo.
Tú te acercaste a tus discípulos y les dijiste: «Levantaos, no tengáis miedo». Del mismo modo, nos tocas para levantarnos de nuestras postraciones, miedos, culpas, cansancios, heridas.
La luz no encandila, sino que sana; no deslumbra, sino que revela; no aplasta, sino que levanta. Como Timoteo, nosotros experimentamos miedo, cansancio, dudas, pero la gracia no abandona. La Cuaresma es tiempo para reavivar el don recibido, para pedir fortaleza, para perseverar en la fe cuando no vemos resultados. La luz de Cristo no elimina la cruz, pero la llena de sentido. Bendícenos, guárdanos y protégenos y que tengamos un muy feliz y deslumbrante domingo para todos.
PALABRA DEL PAPA
La “luminosidad” que caracteriza este evento extraordinario simboliza el objetivo: iluminar las mentes y los corazones de los discípulos para que puedan comprender claramente quién es su Maestro. Es un destello de luz que se abre de repente sobre el misterio de Jesús e ilumina toda su persona y toda su historia. (…) Jesús transfigurado sobre el monte Tabor quiso mostrar a sus discípulos su gloria no para evitarles pasar a través de la cruz, sino para indicar a dónde lleva la cruz. Quien muere con Cristo, con Cristo resurgirá. Y la cruz es la puerta de la resurrección. Quien lucha junto a Él, con Él triunfará. Este es el mensaje de esperanza que la cruz de Jesús contiene, exhortando a la fortaleza en nuestra existencia. La Cruz cristiana no es un ornamento de la casa o un adorno para llevar puesto, la cruz cristiana es un llamamiento al amor con el cual Jesús se sacrificó para salvar a la humanidad del mal y del pecado. En este tiempo de Cuaresma, contemplamos con devoción la imagen del crucifijo, Jesús en la cruz: ese es el símbolo de la fe cristiana, es el emblema de Jesús, muerto y resucitado por nosotros. Hagamos que la cruz marque las etapas de nuestro itinerario cuaresmal para comprender cada vez más la gravedad del pecado y el valor del sacrificio con el cual el Redentor nos ha salvado a todos nosotros. (Francisco - Angelus, 12 de marzo de 2017).
ORACIÓN
¡Gracias Jesús, porque me has escogido a mí también como a tus discípulos amados para verte resplandeciente! No soy digno, pero me es necesario. Que tu rostro resplandeciente, no sea una “luz” más. Que tu rostro sea una verdadera “antorcha” en mi casa, en mi colegio o trabajo. Que así disipe las tinieblas que abundan en mi vida. Que no tenga miedo de escucharte. Amén.
REFLEXIÓN
San Pedro en su segunda carta recuerda el momento en que subió al monte Tabor con el Señor. “Nosotros mismos escuchamos esta voz, venida del cielo, estando con él en el monte santo”. Para él, ese recuerdo le daba fuerzas, le alentaba. El Señor se nos va a revelar, se nos va a transfigurar en la Eucaristía y de nosotros depende dejarnos impresionar. Los que se han dejado impresionar saben que ese no fue un momento más, sino una vivencia que se repite en la Eucaristía y en su corazón, “luces que Él nos da”.
¡Qué necesario es en nuestras vidas contemplar al Señor transfigurado! Al verle a Él tal cual es. Todo lo demás es secundario. Jesús se les mostró a los discípulos y después les anunció que iba a padecer. En esta Cuaresma tenemos la oportunidad de contemplar al Señor en la Eucaristía. Luego podremos padecer junto con él. Pero primero “Jesús sólo”.
