La luz de un nuevo día llega para cada uno de nosotros en este día dedicado a ti. Día de descanso para reponer fuerzas e iniciar con ánimo renovados el caminar de una nueva semana. Hoy nos has despertado con un interrogante: comienzas preguntando qué dice la gente sobre Ti. Las respuestas son variadas, opiniones respetables, incluso elogiosas. Pero ninguna alcanza el centro de tu identidad, porque son respuestas dadas por quien habla de oídas y en la lejanía.
Entonces llega la pregunta decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». La diferencia es grande, ya no se trata de lo que dicen los demás. Ahora la respuesta es personal. La fe no puede sostenerse únicamente sobre tradiciones heredadas, costumbres familiares o ideas generales. No se puede decir quién eres Señor, desde la lejanía. Cada uno de nosotros, está llamado a encontrarse personalmente contigo, y a confrontarse con esa pregunta.
También nosotros vivimos rodeados de opiniones sobre Ti, algunos te consideramos un gran maestro moral. Otros, un personaje histórico admirable. Otros te reducen a un símbolo espiritual. Pero la pregunta sigue en pie: ¿quién eres para mí?, ¿qué lugar ocupas realmente en mi vida?
Pedro te responde con una confesión admirable: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Sin embargo, tú le recuerdas inmediatamente que esa respuesta no nace de su inteligencia ni de sus capacidades: «Eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos».
La fe es siempre es una gracia. No es el resultado de un razonamiento perfecto ni la conquista de un esfuerzo humano. Es Dios quien sale a nuestro encuentro y abre nuestros ojos para reconocerte. La fe atraviesa no sólo la mente y las creencias, sino también el corazón. Gracias, Señor, por darnos la ocasión de haber reflexionado sobre quién eres tú verdaderamente. Y ahora sigue quedando el interrogante por parte de Jesús: ¿quién soy Yo para ti?
Un muy feliz y compartido domingo, reflexionado y pensando en Jesús, el Único Dios Verdadero. Bendiciones abundantes.
PALABRA DEL PAPA
Y en el centro del Evangelio que hemos escuchado está precisamente la pregunta que Jesús hace a sus discípulos, y que también nos dirige hoy a nosotros, para que podamos discernir si el camino de nuestra fe conserva dinamismo y vitalidad, si aún está encendida la llama de la relación con el Señor: «Y ustedes, […] ¿quién dicen que soy?» (Mt 16, 15). Cada día, en cada momento de la historia, siempre debemos prestar atención a esta pregunta. Si no queremos que nuestro ser cristiano se reduzca a una herencia del pasado, como tantas veces nos ha advertido el papa Francisco, es importante salir del peligro de una fe cansada y estática, para preguntarnos: ¿quién es hoy para nosotros Jesucristo? ¿Qué lugar ocupa en nuestra vida y en la acción de la Iglesia? ¿Cómo podemos testimoniar esta esperanza en la vida cotidiana y anunciarla a aquellos con quienes nos encontramos? Hermanos y hermanas, el ejercicio del discernimiento, que nace de estos interrogantes, le permite a nuestra fe y a la Iglesia que se renueven continuamente y que experimenten nuevos caminos y nuevas prácticas para el anuncio del Evangelio. Esto, junto a la comunión, debe ser nuestro primer deseo. (León XIV, Homilía en la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio de 2025)
