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23-ago.-domingo de la 21.ª semana del T. O.

¿quién es hoy para nosotros Jesucristo? ¿Qué lugar ocupa en nuestra vida y en la acción de la Iglesia? ¿Cómo podemos testimoniar esta esperanza [...]?

La luz de un nuevo día llega para cada uno de nosotros en este día dedicado a ti. Día de descanso para reponer fuerzas e iniciar con ánimo renovados el caminar de una nueva semana. Hoy nos has despertado con un interrogante: comienzas preguntando qué dice la gente sobre Ti. Las respuestas son variadas, opiniones respetables, incluso elogiosas. Pero ninguna alcanza el centro de tu identidad, porque son respuestas dadas por quien habla de oídas y en la lejanía.

Entonces llega la pregunta decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». La diferencia es grande, ya no se trata de lo que dicen los demás. Ahora la respuesta es personal. La fe no puede sostenerse únicamente sobre tradiciones heredadas, costumbres familiares o ideas generales. No se puede decir quién eres Señor, desde la lejanía. Cada uno de nosotros, está llamado a encontrarse personalmente contigo, y a confrontarse con esa pregunta.

También nosotros vivimos rodeados de opiniones sobre Ti, algunos te consideramos un gran maestro moral. Otros, un personaje histórico admirable. Otros te reducen a un símbolo espiritual. Pero la pregunta sigue en pie: ¿quién eres para mí?, ¿qué lugar ocupas realmente en mi vida?

Pedro te responde con una confesión admirable: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Sin embargo, tú le recuerdas inmediatamente que esa respuesta no nace de su inteligencia ni de sus capacidades: «Eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos».

La fe es siempre es una gracia. No es el resultado de un razonamiento perfecto ni la conquista de un esfuerzo humano. Es Dios quien sale a nuestro encuentro y abre nuestros ojos para reconocerte. La fe atraviesa no sólo la mente y las creencias, sino también el corazón. Gracias, Señor, por darnos la ocasión de haber reflexionado sobre quién eres tú verdaderamente. Y ahora sigue quedando el interrogante por parte de Jesús: ¿quién soy Yo para ti? 

Un muy feliz y compartido domingo, reflexionado y pensando en Jesús, el Único Dios Verdadero. Bendiciones abundantes.

PALABRA DEL PAPA

Y en el centro del Evangelio que hemos escuchado está precisamente la pregunta que Jesús hace a sus discípulos, y que también nos dirige hoy a nosotros, para que podamos discernir si el camino de nuestra fe conserva dinamismo y vitalidad, si aún está encendida la llama de la relación con el Señor: «Y ustedes, […] ¿quién dicen que soy?» (Mt 16, 15). Cada día, en cada momento de la historia, siempre debemos prestar atención a esta pregunta. Si no queremos que nuestro ser cristiano se reduzca a una herencia del pasado, como tantas veces nos ha advertido el papa Francisco, es importante salir del peligro de una fe cansada y estática, para preguntarnos: ¿quién es hoy para nosotros Jesucristo? ¿Qué lugar ocupa en nuestra vida y en la acción de la Iglesia? ¿Cómo podemos testimoniar esta esperanza en la vida cotidiana y anunciarla a aquellos con quienes nos encontramos? Hermanos y hermanas, el ejercicio del discernimiento, que nace de estos interrogantes, le permite a nuestra fe y a la Iglesia que se renueven continuamente y que experimenten nuevos caminos y nuevas prácticas para el anuncio del Evangelio. Esto, junto a la comunión, debe ser nuestro primer deseo. (León XIV, Homilía en la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio de 2025)

Eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos
REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-21-tiempo-ordinario-23-de-agosto-de-2026 

La pregunta de Jesús a los discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? es una pregunta abierta para todos los discípulos de Jesús de todos los tiempos. Es una pregunta concreta, incisiva, que nos lanza Jesús hoy a cada uno de nosotros. A lo largo del mismo evangelio se van dando distintas respuestas: unas falsas, otras insuficientes y otras que son auténticas.  En la misma persona de Pedro se dan estas dos últimas.

1.– Respuestas falsas. Son las de todos aquellos que, en la práctica, no aceptan a Jesús como en el “centro”.  Uno de ellos es el “joven rico”. Era bueno, cumplía los mandamientos, buscaba salvarse, pero prefirió “su dinero” a Jesús. El texto nos dice que se quedó “muy triste”. Con dinero se pueden comprar muchas cosas, pero no la felicidad.  Otros ponen en el centro “el poder” A estos Jesús les dice que eso es propio de los poderosos de este mundo, pero «no debe ser así entre vosotros» (Lc 22,25). Y los mismos apóstoles, mientras suben a Jerusalén, piensan en quién de ellos iba a ser el más importante. Tampoco ellos han puesto a Jesús en el “Centro”. Ahora bien, si Cristo no está en el centro, viviremos siempre “descentrados”. Y una persona descentrada no puede ser feliz.

2.– Respuestas insuficientes. Una de ellas es la de Pedro en el evangelio de hoy. No bastan las teorías ni las palabras solemnes. Es verdad que ha dicho que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Pero, a continuación, cuando Jesús les explica que este Mesías debe pasar por el sufrimiento y la cruz, Pedro se lleva aparte a Jesús y le dice que eso no le puede pasar a Él. Jesús le contesta con dureza: «apártate de mi vista, Satanás» (Mt 16, 3). No podemos separar a Cristo de la cruz. Y los cristianos no podemos aceptar un cristianismo sin Cristo. Respuestas insuficientes son todas las que damos todos los días los cristianos que no somos consecuentes con nuestra fe; los que somos incoherentes; los que decimos y no hacemos, los que separamos fe y vida. Y todos los que predicamos, pero no damos trigo.

3.– Respuestas auténticas. También hay respuestas verdaderas. Una de ellas es la del mismo Pedro después de la multiplicación de los panes. Cuando todos se querían marchar, Jesús pregunta a sus discípulos: ¿También vosotros os queréis ir? Pedro, en nombre de todos, contesta: «Señor, ¿adónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68). No poner a Dios en el centro de la vida es lo mismo que sentirse perdido. Nos lo demostró muy bien el malhadado “coronavirus”. Respuesta auténtica es la del ciego de nacimiento que «tira la capa, da un salto, y sigue a Jesús por el camino». (Mc 10, 50) Y el camino era el camino de Jerusalén donde se iba a encontrar con la cruz. 

Respuestas auténticas son las de miles de misioneros: religiosos, religiosas, laicos, que, de una manera silenciosa, dan la vida por Jesús. Y no digamos nada de tantos cristianos que, en pleno siglo XXI, son asesinados por el delito de ser cristianos. Como dijo el papa Francisco, en estos últimos años, ha habido más mártires en la Iglesia que en la época de las persecuciones romanas. 

Respuestas auténticas han sido las de tantos profesionales de la salud, tantos militares, transportistas, comerciantes, y voluntarios en general que, en la pandemia, o sofocando fuegos, arriesgaron sus vidas, incluso llegan a morir por auxiliar a los demás.

Y, entre las respuestas auténticas, están las del Papa León XIV sobre la persona de Jesús: «El cristianismo no nació de una idea, sino de una carne; no de un concepto abstracto, sino de un vientre, de un cuerpo, de un sepulcro. La fe cristiana, en su esencia más auténtica, es histórica: se basa en hechos concretos, en rostros, en gestos y en palabras pronunciadas en una lengua, en una época y en un entorno. […] Dios eligió hablar en una lengua humana, caminar en una tierra, habitar lugares, casas, sinagogas, calles» (11-diciembre-2025).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.