La luz de un nuevo día nos anuncia que es tiempo de levantarnos e iniciar una nueva jornada bendecidos por el amor de Dios. Tú nos invitas en este día a recoger la semilla e iniciar nuestro camino para buscar la tierra buena, fértil y abonada para sembrar en ella.
Hoy tenemos el ejemplo de Santo Tomás de Aquino, nacido en 1225, de la familia de los condes de Aquino, formado en el monasterio de Montecasino en Nápoles, que, a los 18 años y en contra de la voluntad familiar, ingresó a la orden dominicana, completó su formación en Colonia y en París y se convirtió en profesor de filosofía y teología en Orvieto, Roma y Nápoles; manso, silencioso, contemplativo y devoto, respetuoso de todos y amado por todos cuya obra más famosa es la Suma Teológica. Murió en 1274. Por su testimonio de vida religiosa somos invitados a vivir en humildad y sencillez.
Danos la gracia de ser abiertos y bondadosos; sencillos, comprensivos, y entregados plenamente a ti. Permítenos experimentar cuánto nos amas, ya que tú nos llamas tus amigos. Guárdanos en tu amor y que sepamos difundir a nuestros hermanos ese mismo amor. Guía nuestro caminar de esta jornada y que sean productivas las obras de nuestras manos.
Esto es lo que nos estás pidiendo que recibamos con alegría tu Palabra, no dejemos que nos interfieran las seducciones de la vida, que la acojamos y, abonándola, con nuestra buena disposición crezca y fructifique, y seamos auténticos portadores de esperanza, transmisores de alegría, despertadores de nuestros hermanos y ante todo buscadores de tierra abonada en fe y esperanza para que tu semilla caiga en ella. Concédenos la gracia de sembrar ilusiones para cosechar verdaderas esperanzas. Recordemos la palabra que Dios dirige a David: «YO ESTARÉ CONTIGO EN TODAS TUS EMPRESAS».
Feliz y esperanzador miércoles con cosecha abundante.
PALABRA DEL PAPA
Hoy pensemos en lo que hace el Señor: Él viene siempre a sostenernos en nuestra debilidad y esto lo hace con un don especial: el don de fortaleza.
Hay una parábola, relatada por Jesús, que nos ayuda a captar la importancia de este don. Un sembrador salió a sembrar; sin embargo, no toda la semilla que esparció dio fruto. Lo que cayó al borde del camino se lo comieron los pájaros; lo que cayó en terreno pedregoso o entre abrojos brotó, pero inmediatamente lo abrasó el sol o lo ahogaron las espinas. Sólo lo que cayó en terreno bueno creció y dio fruto.
Como Jesús mismo explica a sus discípulos, este sembrador representa al Padre, que esparce abundantemente la semilla de su Palabra. La semilla, sin embargo, se encuentra a menudo con la aridez de nuestro corazón, e incluso cuando es acogida corre el riesgo de permanecer estéril. Con el don de fortaleza, en cambio, el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón, lo libera de la tibieza, de las incertidumbres y de todos los temores que pueden frenarlo, de modo que la Palabra del Señor se ponga en práctica, de manera auténtica y gozosa. Es una gran ayuda este don de fortaleza, nos da fuerza y nos libera también de muchos impedimentos. (S.S. Francisco, Audiencia general, 14 de mayo de 2014).
ORACIÓN
Señor, hoy vienes a la tierra de mi alma dispuesto a sembrar tu mensaje en ella. Ayúdame a escucharte, a aceptar tu Palabra, a configurar mi vida con ella. Concédeme ser una tierra buena que produzca fruto abundante por saber acoger y trasmitir tu gracia.
Reflexión del evangelio (Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi)
No hay mucho que decir, el Señor nos lo ha dicho todo, nos ha explicado la parábola y este pasaje, mejor conocido como la parábola del sembrador.
Pero yo quisiera más bien enfocarme en la semilla, aunque sí es bueno hacer un alto para analizar cómo está mi corazón, endurecido por las piedras, enredado por tanta hierba, superficialidad que nada prende o suave y abierto a recibir la semilla.
Pero como decía, quisiera más bien pensar en nosotros como los sembradores que vamos por el campo sembrando. ¿Qué tipo de semilla llevo conmigo? ¿La semilla de la envidia, del rencor, del acelere, de la impaciencia, de la inconstancia, de la pereza? ¿O llevo la semilla del perdón, del amor, de la comprensión, de la alegría, de la misericordia, de la paz, cordialidad, del hablar bien?
¿Qué voy sembrando en mi caminar? El primer paso es salir a sembrar y, ya en el campo, sembrar la buena semilla. El Señor se encargará de hacerla caer en campos con tierra buena para que la cosecha sea abundante.
Hoy salir a sembrar esa semilla, salir a sembrar sonrisas, salir a sembrar entusiasmo. Sonreír y que todas las palabras que salgan de mi boca sean palabras positivas.
