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29-ene.-2026, jueves de la 3.ª semana del T. O.

detrás de la tentación del cansancio de salir a la misión, se esconde el egoísmo... el espíritu mundano, ¿no?, volver a la comodidad, al estar bien, a pasarla bien

Nuestro amanecer de este jueves vocacional es motivo para darte gracias por el don de la vocación que nos regalaste un día, para ser padres o madres de familia, abuelos y abuelas, tíos, primos que también forman parte de esta gran familia, formada en servicio y amor. 

Hoy utilizas la imagen de la lámpara para enseñarnos una lección fundamental: los dones que recibimos del Padre celestial son tanto un regalo como una responsabilidad, es decir, un don y una tarea. Tú, el mejor pedagogo siempre nos revelas tu amor y compromiso a través de símbolos sencillos: así como una lámpara debe colocarse en un lugar alto para iluminar, nosotros también debemos dejar que tu luz de brille en nuestras vidas, reflejando tu amor y tu verdad. Te presentas como la luz del mundo. Nosotros, tus discípulos, estamos llamados a ser luz para los demás. La luz que emanas en nosotros debe ser compartida; así reflejamos tu vida y tu amor a través de los dones que nos otorgas. Ayúdanos, Señor, a ser lámparas que iluminan a los hermanos por medio del servicio, la fraternidad y la solidaridad con nuestros hermanos. 

Un muy feliz e iluminado jueves para todos. 

Reflexión del papa Francisco 

Y una cosa que ustedes los jóvenes van a tener: la tentación del cansancio. O porque no ves los resultados, o porque “bueno, el espectáculo se acabó y ya está muy aburrido”, y “voy a buscar otra cosa”. En eso, en el primer síntoma de cansancio que encuentren, cansancio del camino, pero, de cualquier forma, abran la boca a tiempo. Pidan consejo a tiempo. Me está pasando esto. “Salí ‘en cuarta’ y ahora ‘estoy marcha atrás’”. Pero la tentación del cansancio es muy sutil. Porque detrás de la tentación del cansancio de salir a la misión, se esconde el egoísmo. Y se esconde, en última instancia, el espíritu mundano, ¿no?, volver a la comodidad, al estar bien, a pasarla bien o como quieran. 

Así es que yo te diría: testimonio, para que la luz brille, que no esté escondida debajo de la cama, ¿no?, que brille la luz, y vean las obras buenas que hace el Padre a través de nosotros, obviamente, ¿no? Testimonio. Para que pregunten por qué vivís así, coherencia de vida caminar, caminantes no errantes y cuidarse de la tentación del cansancio. (S.S. Francisco, 25 de octubre de 2014).

ORACIÓN 

Jesús, Tú sabes cuántas veces, por temor, no he mostrado la luz que has encendido en mí. Hoy me recuerdas que nada de lo que viene de Ti está destinado a permanecer oculto, sino a dar vida y esperanza a quienes caminan a mi lado. Hazme comprender que cada don recibido es una responsabilidad y que debo ser como lámpara en todas las áreas de mi vida. Amén. (Qriswell Quero,

Reflexión del evangelio (P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo)

¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? La respuesta es no, no se enciende una vela, una lámpara o linterna para cubrirla o esconderla; se enciende para que ilumine, para que ahuyente la oscuridad; se enciende para poder ver, para poder movernos sin miedo y sin hacernos daño, para poder realizar numerosas actividades; se enciende para poder ver al otro y para no hacerle daño con nuestros movimientos, se enciende para tener luz.  

Y en la vida real, en la vida del Espíritu, la única luz verdadera es Cristo, su Palabra y su persona. Él es la luz que ilumina las tinieblas del corazón del hombre. Solo su presencia disipa los temores, los egos, las heridas, las divisiones, las mentiras y el pecado.

No te reprimas, no te acobardes, busca vivir el Evangelio de Cristo con su gracia y lleva su luz a cada encuentro que tengas, llévala en cada reunión de amigos, en el trabajo y hasta en la política, en tu casa y fuera de ella. Olvídate de los falsos respetos humanos que han buscado y logrado en tantas ocasiones que seas cristiano de clóset. ¡Sal del clóset!, que Cristo te ha hecho pescador de hombres, Cristo te ha constituido anunciador de la verdad y del Evangelio. 

Cristo no te ha consagrado ni te ha hecho profeta para meterte debajo de una olla o de una cama. No naciste para la mediocridad, naciste para conquistar las cumbres del cielo, de la verdad y del amor. Naciste para Dios, para iluminar con su luz. 

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.